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miércoles, 18 de julio de 2018

martes, 2 de abril de 2013

En casa, la vida es siempre ordinaria...




"Pero él era un forastero. Él no podía saber esa verdad que resultaba tan obvia para todos los que habían nacido y crecido en aquél pueblecito: las historias se contaban allí, pero sucedían en algún otro sitio".

Patrick Rothfuss, El nombre del viento

martes, 15 de enero de 2013

Escritor


"Un escritor [es aquél] que observa la caricatura del mundo y crea, inventa, adivina una o dos frases, y finalmente, lee en ese movimiento de confianza cuando uno se autoriza a sí mismo como escritor".

Carlos Marcos

miércoles, 20 de junio de 2012

El Arte de la Fuga



   Argentina es un país en el que la realidad no se rige por las mismas reglas que en otros lugares. De hecho, ni siquiera está muy claro que haya alguna regla y en qué consiste. Si fuésemos juristas, diríamos que aquí no hay "estado de derecho". Pero como somos lectores, diremos que en esta tierra la realidad se mezcla con la fantasía y el delirio. Nuestra vida política podría ser un buen ejemplo, los avatares de nuestra economía también; pero hoy vamos a traer un caso de nuestra vida cultural. La semana pasada se realizó el Festival de la Novela Policial "Buenos Aires Negra" (BAN!) y con Barriga Negra asistimos a varios de sus eventos (conferencias de escritores, de médicos forenses, paneles de policías, obras de teatro, cine, música y entrevistas). Y como nunca se sabe si algún día uno caerá en gayola, decidimos instruirnos para esa hipotética ocasión con las enseñanzas que prometía un panel intitulado "El Arte de la Fuga". El currículum de los panelistas no dejaba ninguna duda sobre lo enriquecedora que sería: por un lado Hugo "La Garza" Sosa, atracador de bancos y camiones blindados, ladrón de varios millones de dólares, preso durante 14 años, autor de 14 intentos de fuga, 4 de ellos exitosos. Por el otro Daniel "Millonario" Rojo, mítico delincuente de Barcelona, habiendo cumplido condena también por 13 años. 
   Hoy en día los dos dicen que han abandonado la vida criminal y que ahora se la rebuscan laburando. ¡Vaya uno a saber! -como diría una tía mía de proverbial desconfianza-. Lo interesante es que estos dos ex delincuentes se dedican ahora al mundo del Showbusiness. Cada uno ha escrito un libro con sus memorias y se acaba de estrenar una película que narra una de las fugas más espectaculares de la historia de la carcel de Devoto: "El túnel de los huesos", basada, precisamente, en un relato de "La Garza" sobre como se llevó a cabo la evasión.   

Entrevistados por Ernesto Mallo y Rodolfo Palacios, los dos ex delincuentes narraron varias anécdotas de sus andanzas criminales. Por citar algunas, Dany Rojo contó como a fines de la década del setenta él y tres compañeros podían atracar un banco en 2 minutos e irse con la pasta. Según dijo, las cosas eran más fáciles en esa época: uno se quedaba afuera con el auto en marcha, los otros tres entraban armados y desarmaban a los guardias, luego robaban el dinero de las cajas y salían corriendo. Pero luego los banqueros empezaron a mejorar las medidas de seguridad haciendo uso de nuevas tecnologías. Y eso los obligó a los ladrones a tecnologizarse también y planear atracos más complejos. "La Garza" Sosa relato en detalle el único crimen del que dice estar arrepentido: cuando tenía 13 años le robó a una vieja la billetera en un mercado. Al abrirla se encontró con lo que -advirtió sorprendido- podría haberse encontrado también en la billetera de su madre: cinco pesos y una lista de compras en la que figuraban leche, pan y queso. Pidió perdón en público a esa viejecita y a todas las señoras a las que alguna vez les birlaron la billetera. Después de eso, dijo, se dió cuenta de que no quería robarle a los pobres... y, naturalmente, se dedicó a robarle a los ricos. Y así fue como comenzó su carrera de atracador de Bancos. 
   Y, quizás sin saberlo, "La Garza" Sosa tiene la misma filosofía que Bertolt Brecht, para quien "peor delito que robar un banco, es fundarlo".
   Por mi lado, si de ladrones argentinos se trata, tengo mi predilección por Bairoletto (1894-1941), el "Robin Hood criollo", que robó a los ricos y dió a los pobres.

   El único delincuente -si se me permite la simpática expresión- que no contó nada interesante, fue un político que se unió al panel media hora después de comenzada la conferencia. Se trató del Ministro de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Hernán Lombardi. Hasta bromeó con el organizador del evento -como esas cosas que se dicen medio en chiste medio en serio-: "claro, cómo soy político me ponés en el panel de los chorros", para risa de toda la concurrencia.

(de izquierda a derecha: Daniel "Millonario" Rojo, Hugo "La Garza" Sosa y su hijo Luciano -que padece el síndrome de Down-, Ernesto Mallo y Hernán Lombardi)

   Más allá de las anécdotas de su vida delictiva, vale rescatar que ninguno de los dos se puso como ejemplo para nadie y que, como recalcó el organizador del Festival, Ernesto Mallo, a pesar de sus muchas diferencias, hay un denominador común en estos dos hombres: los dos dicen que han dejado su carrera delictiva porque ahora que están casados y tienen hijos no soportarían estar separados de ellos ni una semana. Tienen miedo de estar separados de las personas que aman. Eso nos recuerda -más allá de la sinceridad o no de estos dos hombres- que el amor es la fuerza que mueve el universo (el odio y la ambición no son más que un amor desviado) y es el único acto con que los seres humanos podemos redimirnos.

(de izquierda a derecha: Hugo "La Garza" Sosa, Ernesto Mallo y Hércules,
discutiendo los detalles de nuestro próximo plan...)

domingo, 4 de marzo de 2012

El papa es chomskiano

Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) y Noam Chomsky no son dos pensadores de los uno espere encontrar coincidencias. Basta recordar que Chomsky es un socialista agnóstico y Ratzinger un conservador cristiano. Sin embargo, en el mensaje del papa para la XL Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2007) Ratzinger realizó unas afirmaciones que lo acercan sorprendentemente al profesor norteamericano.
Antes de transcribir las palabras del papa, conviene presentar una breve síntesis de las ideas de Chomsky sobre la "gramática universal".
La gramática universal es una teoría linguística que afirma que en nuestro cerebro tenemos inscriptos al nacer unos determinados principios gramaticales comunes a todas las lenguas. Esta serie de reglas sería la que hace posible que los niños aprendan la lengua materna. Quienes sostienen esta teoría tienen el propósito de conseguir abstraer generalizaciones comunes a todos los idiomas, a menudo de la siguiente manera: "Si X es cierto, entonces Y ocurre".
Como se puede observar, esta propuesta vuelve a poner sobre el tapete la antigua discusión sobre si al nacer el cerebro humano es como una "tábula rasa" o si ya venimos genéticamente "programados", aunque sea sólo en principios muy básicos. Y esta cuestión, que podría parecer instrascendente para la vida cotidiana, una aburrida discusión de académicos, cobra relevancia en cuanto se traslada al plano moral. Porque si nuestro cerebro es una "tabula rasa" al nacer, implica que no tendríamos ninguna regla, ningún parámetro, que nos indique que conductas son buenas y cuales son malas; y que esas reglas morales nos son inculcadas más adelante a través de la educación. Por el contrario, si llevamos inscripto en nuestros genes una especie de primeros principios morales, significa que independientemente de su educación y nivel sociocultural, todos los hombres somos capaces de distinguir instintivamente una acción buena de una acción mala.
Vamos ahora al discurso del papa (en rojo se resaltan las coincidencias con la gramática universal de Chomski):

Creación y Redención muestran [...] la clave de lectura que introduce a la comprensión del sentido de nuestra existencia sobre la tierra. Mi venerado predecesor Juan Pablo II, dirigiéndose a la Asamblea General de las Naciones Unidas el 5 de octubre de 1995, dijo que nosotros «no vivimos en un mundo irracional o sin sentido [...], hay una lógica moral que ilumina la existencia humana y hace posible el diálogo entre los hombres y entre los pueblos». La “gramática” trascendente, es decir, el conjunto de reglas de actuación individual y de relación entre las personas en justicia y solidaridad, está inscrita en las conciencias, en las que se refleja el sabio proyecto de Dios. Como he querido reafirmar recientemente, «creemos que en el origen está el Verbo eterno, la Razón y no la Irracionalidad». Por tanto, la paz es también una tarea que a cada uno exige una respuesta personal coherente con el plan divino. El criterio en el que debe inspirarse dicha respuesta no puede ser otro que el respeto de la “gramática” escrita en el corazón del hombre por su divino Creador.

Claro que no es necesario citar a Chomsky para compartir la idea papal; al fin y al cabo, hace ya dos mil años que San Pablo afirmó la existencia de una ley natural inscripta en el corazón de los hombres que nos indica que es lo bueno y que lo malo (Romanos 2, 14-15)

Fuentes: Languaje Log

lunes, 23 de enero de 2012

El buen uso de las malas palabras

Por Vicente Battista


En el Congreso de la Lengua que se celebró en Rosario, en noviembre de 2004, Roberto Fontanarrosa, con profundo humor y enorme sabiduría, reclamó un indulto para las malas palabras. “Cuidemos de ellas, integrémoslas al lenguaje —pidió—, porque las vamos a necesitar”. El sólo hecho de defenderlas implica considerarlas culpables. ¿Pero culpables de qué? ¿De ir en contra del buen decir y del mejor hablar? En literatura no hay ni malas ni buenas palabras, sólo hay palabras bien utilizadas y palabras mal utilizadas.

Leí a Salgari con devoción y alegría, durante tardes enteras acompañé a Sandokán en muchas de sus aventuras y participé en más de un abordaje, pero nunca acepté su modo de insultar. “Voto a bríos”, gritaba el pirata, y por más que la frase estuviese rodeaba por signos de admiración, no parecía digna del Tigre de la Malasia. Era un insulto tenue, delicado, imposible de aceptar de alguien al que consideraban el terror de las costas de Borneo. Tal vez Salgari lo había escrito de otro modo y esa levedad era obra de los traductores o de los editores. Unos y otros con el propósito de evitar voces groseras, son responsables de más de un disparate.
Un ejemplo emblemático puede ser Dante Alighieri y su “Divina Comedia”. Los primeros traductores al castellano tropezaron con un problema parecido. En el Canto XVIII, del Infierno se lee: “vidi un col capo sì di merda lordo, / che non parëa s’era laico o cherco.” Manuel Aranda Sanjuán, en 1868 y en prosa, lo anota así: “vi uno con la cabeza tan sucia de excremento, que no podía saber si era clérigo o seglar.” Cuatro años después, Cayetano Rossel, también en prosa reemplaza “excremento” por “inmundicia” y traduce: “vi uno con la cabeza tan cubierta de inmundicia, que no se conocía si era seglar o clérigo”. En 1879 Juan de la Pezuela elige traducirlo en endecasílabos rimados y se arriesga un poco: “uno hallé con el cráneo tan merdoso, / que ¿quién si era o no clérigo diría?” En 1893, Bartolomé Mitre también opta por los endecasílabos rimados pero, como Aranda Sanjuán, guarda las formas; transcribe: “uno de ellos, que clérigo barrunto,/ con excremento su cabeza inunda”. Hubo que esperar hasta 1973 para leer los versos tal como el Dante los había escrito. Angel Crespo traduce: “vi a uno con tanta mierda en la cabeza / que ni laico ni fraile parecía”.

En el canto XXI, el Dante escribió: “Per l’argine sinistro volta dienno; / ma prima avea ciascun la lingua stretta / coi denti, verso lor duca, per cenno; / ed elli avea del cul fatto trombetta.” Siempre celoso del buen decir, Aranda Sanjuán, traduce: “se había mordido la lengua en señal de inteligencia con su jefe, y éste se sirvió de su ano a guisa de trompeta”. Rossel, algo más fino, opta por: “mordiéndose la lengua con los dientes, y él, a falta de trompeta, imitó su son con el orificio”. Juan de la Pezuela mantiene ese buen tino: “le hacen al cabo; el cual la marcha abría, usando del de atrás como trompeta”. En cambio, Mitre se atreve, traduce: “un apretón de lengua con los dientes, / y el jefe de su culo hizo trompeta”. Y finalmente, Crespo no duda: “antes de andar hicieron a su guía, / y él usó el culo a modo de trompeta”.

Dicen que comenzó a componer la “Divina Comedia” a comienzos de 1300. Entonces conjeturó un recorrido por el infierno, el purgatorio y el paraíso, pero seguramente en su vasta imaginación no llegó a imaginar a América. Aún faltaba un siglo y medio para que los europeos se enteraran que del otro lado del océano había otro continente. No pudo haber imaginado que en un joven país al sur de ese continente, su verso “ed elli avea cul fatto trombetta”, uno de los 14.230 de su vasto poema, se iba a convertir en un giro popular: “Hacer de su culo un pito”. O tal vez sí, tal vez lo imaginó, y hoy desde su inmortalidad se ríe a mandíbula batiente del buen uso que supieron hacer de sus malas palabras.En la lengua del Dante hay otras formas, más educadas y afables, de decir mierda y culo. Sin embargo, Dante escribió merda y cul. En pos de la supuesta buena palabra, sus primeros traductores a nuestra lengua ignoraron las malas palabras que había elegido el poeta.

Fuente: Telam.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Literatura y sentido del humor

Hoy me encontré por internet con un artículo del escritor catalán Kiko Amat que tiene por base una idea que en este "Bloc" (Feinmann dixit) es alfa y omega: el sentido del humor, y muy especialmente el sentido del humor sobre uno mismo, es una cualidad que enriquece la vida del homo sapiens. La tesis central de Amat es que las obras más grandes de la literatura son obras humorísticas.
El artículo se publicó en "La Vanguardia" el 12/01/2011 y llevó por título "Literatura de risa". Es un texto muy largo para un post, por lo que debajo les copio las partes que más me han interesado (las supresiones se señalan con puntos suspensivos entre corchetes).

P.D.: Lo único que no me gustó es que el estilo del artículo tiene una impronta muy agresiva con los que piensan distinto. Le falta, además, aquello que predica: sentido del humor. Pero su idea no deja de parecerme muy atractiva.

Hace poco estaba yo en el ascensor de mi bloque, simulando ser una persona como las demás y entablando conversación pueril con una vecina (trato de evitar que los convecinos me visualicen como al escritor loco de 'El resplandor', hacha en ristre camino de sus aposentos), cuando esa cháchara inane declinó hacia el tema de las guarderías. Mi hijo ha entrado, el suyo no, bla-bla, proyecto pedagógico, bli-blu (¿Dios, podrá morirse uno de aburrimiento?), y de repente mi boca –sin consultar antes con mi cerebro– tuvo a bien espetarle a la vecina: “En la guardería pública que queríamos, uno sólo entra si el niño es celíaco, disléxico, leproso y tuberculoso. Así que estamos pensando en mutilar al nuestro”. Mi vecina, al escuchar esto, se quedó lívida, la tez cenicienta y la boca hecha parking, y sólo alcanzó a balbucear un “pero... pero... pero... mutilar, no, hombre”, mientras un extremo de su labio superior traqueteaba como un toldo de caravana al viento. Y sólo respiró aliviada cuando yo, igualmente boquiabierto, caí en que la mujer no había reparado en el acento humorístico y le espeté: “Es broma, señora”.

Y entonces, la lacerante verdad de lo que había sucedido impactó en mi frente con la fuerza de cien menhires. Porque uno da por hecho la existencia del sentido del humor, pero lo cierto es que mucha gente carece de él. [...]

Humor 4 - Terror 0

Porque, de hecho, el humor es lo contrario del Mal: el humor es el antídoto contra el horror, la ignorancia y la barbarie. Nada desactiva en mayor medida al maligno que la risa en su cara. Porque la risa, señores, tiene poder, y disculpen si me pongo rumbero. El humor es un arma, y por ello tantos literatos y satiristas lo han utilizado en su obra. Asimismo, nada les interesa más a los 'serios de la pipa' (como los llamaba Francisco Casavella) que arrancar el humorismo a los clásicos: la Alta Literatura se cimenta en gravedad, reverencia y estatuesca circunspección. Para ellos, el humor es una bobada insustancial, una necedad antiartística, un chascarrillo de taberna: el verdadero arte es trágico, solemne, épico, o simplemente no es. Traten de entenderles: si empezaran a admitir que Shakespeare es esencialmente un escritor humorístico (hay que tomar incluso Hamlet como un sainete irónico, grotescamente excesivo) o que Kafka era uno de los mayores autores cómicos del siglo XX, ¿quién sabe qué tendrían que terminar admitiendo? ¿Que el humor es, de hecho, pieza angular de la literatura más importante desde el 1605? No, como argumentaba Casavella, a los 'serios de la pipa' les interesaba convertir a Kafka en “una especie de pseudomístico amargado, es decir, en ellos mismos”. El humor no conviene. El humor no interesa. Los grandes escritores no son humorísticos y, en caso de serlo, es esencial lobotomizar su lectura para extirpar cualquier asomo de humor. La visión de la Alta Cultura es una visión franciscana: reír es de lelos, reír deforma las facciones, reír no es santo.

Pero un rápido vistazo a los cúlmenes de la palabra escrita nos demuestra lo contrario: son humorísticos Quevedo, Cervantes, Larra, toda la picaresca, los satíricos ingleses o americanos (Defoe, Swift, Twain...), Lewis Carroll, Oscar Wilde... De hecho, si uno excava en los cimientos de la literatura británica, cae en la cuenta de que todos los autores clásicos comparten un poso de ironía y sátira; incluso aquellos que se ha intentado sepultar en el Mausoleo de Autores Severísimos: Samuel Pepys, Horace Walpole, Coleridge, Samuel Butler... Pero admitir esto sería, ya dijimos, fatal. Por ello, en el canon literario, las obras que hacen reír y divierten son consideradas menores, y los tochos son los Libros de Veras. Por ello 'Decadencia y caída', de Evelyn Waugh, se toma como una obra inferior a 'Retorno a Brideshead', pese a que la primera es una obra maestra de la causticidad y el humor fatalista, y la segunda una plúmbea saga de nobles abufandados con dudas. Por ello Martin Amis, esa alma en pena encadenada a la búsqueda del reconocimiento académico, no descansó hasta abandonar por completo el humor tierno de 'El diario de Rachel' o la risa asilvestrada de 'Dinero', y no se le consideró un autor importante hasta que empezó a firmar libros que versaban sobre Stalin, el holocausto, o vaya usted a saber qué nuevo tema cenizo.

[...]

Los tontos que ríen
Los tontos no ríen. Se trata, de hecho, de todo lo contrario: el humor es el más definitorio signo de una inteligencia cristalina, de una clarividencia intensamente humana, de una palpable ausencia de miedo. La risa salta por encima del terror, domeña la angustia, nos eleva, nos blinda y a la vez nos hace cercanos. La risa es uno de los mejores vehículos de la empatía; el humor, la más certera manera de efectuar protesta, o comentario político, de transmitir un mensaje profundo, de hacerlo memorable y arrancarle de cuajo la gravedad académica, la corrección política, el nihilismo. [...]

A la sazón, uno de los mayores elogios que, en el Reino Unido y Norteamérica, pueden dedicársele a una novela es 'funny'. Cuando un libro es 'sad and funny' es que ya ha alcanzado el morrocotudo cenit: triste y divertido, como la vida misma. Aquí no: en nuestro país se pretende que únicamente lo gravoso y tupido es la esencia de la vida, que el que se atreve a reír es una acémila que no ha entendido nada de cómo funciona en realidad el mundo, y que el auténtico arte es el que se expone con esa cara de tener a alguien bailando jotas sobre nuestro juanete. [...] Según los marmóreos especialistas de la vieja guardia, los autores que hacen reír son poco más que payasos tirapedos, productores insignificantes de literatura de WC y que, encima, se permiten tener fans que no sólo no son otros literatos, sino gente normal como usted, yo y la vecina del quinto (no la mía; es un decir).

[...]

viernes, 28 de octubre de 2011

Ruido infernal

Hace poco Fauno posteó un relato -fidedigno, no me cabe duda- en el que cuenta su sorpresa al descubrir una forma de comunicación para él insólita. Según nos dice, observó que dos señoritas "hablaban al mismo tiempo, como si una supiera la manera en que iba a terminar la frase de la otra y le contestara antes de que termine de hablar. Eran como dos monólogos que se entrelazaban y se hacían uno, y lo más increíble era que ellas se entendían realmente". A sus refinados oídos, eso sonó como un "ruido infernal".
Se me ocurrió entonces postear para él y todo nuestro querido público, un par de videos en los que se canta de esa forma, superponiéndose uno de los dialogantes con el otro, y que no obstante eso, no sólo se entienden, sino que son hermosas canciones.
Así pues, dedicado al Fauno y para todos Uds.: Baby it's cold outside (en una versión del trío "Lady Antebellum" con subtítulos en español):



Pongo debajo también otro bellísimo y emotivo ejemplo de esto que podríamos llamar "diálogos pisados" (en el que cada uno de los que dialoga "pisa" la última parte de las frases del otro): el tema One day more, del musical "Los miserables" (en la versión de los elencos viejos y actuales realizada para festejar el 25º aniversario de la obra, con subtítulos en inglés):


lunes, 10 de enero de 2011

Silogismos

Emece acaba de editar un libro muy entretenido: El otro Borges - Anecdotario completo. Divertidas y agudas algunas, tristongas y melancólicas otras, las anécdotas compiladas por Mario Paoletti son un aporte original y maravilloso al mundo literario borgiano.
Hoy les traigo una muy divertida que encontré allí:
Una noche, a la salida de una cantina próxima al Mercado de Abasto que por entonces frecuentaban Xul Solar, Mastronardi y otros conspicuos componentes de la "escuadrilla de la aurora", salieron vociferando. Un vigilante reclamó silencio, invocando el sueño de la gente. Néstor Ibarra inició entonces una alambicada discución con el agente, que fue poniendose ruda hasta que Borges la cortó con un irrefutable:
-¿Silogismos con la policía, Ibarra?
(Contada por Ulises Petit de Murat)

viernes, 8 de octubre de 2010

Los aforismos de los almanaques

El otro día estaba en lo de mi novia y vi que el almanaque que tiene en la cocina estaba "desactualizado". Es uno de esos a los que uno tiene que ir quitándole el papelito con el número de día y mes. Sole no le había arrancado la fecha durante bastante tiempo y entonces el almanaque continuaba indicando "31 de Agosto".

Para matar el tiempo me puse a arrancar cada uno de los papelitos hasta llegar a ese día. Mientras lo hacía noté que detrás de cada fecha había una frase, un aforismo. La mayoría burdas perífrasis de conocidos proverbios. Pero encontré algunas realmente originales y verdaderamente estúpidas:



Yo me pregunto, la imprenta que hace estos almanaques, ¿le pagará a un tipo para que le escriba 365 frases cada año? ¿o sentará un mono frente a una máquina de escribir? Y si contrata a un "escritor", ¿cuánto le pagará?

Yapa:
Y justo cuando terminé de armar este post me vino a la mente un aforismo de Joaquín Sabina sobre los aforismos:
"Aforismo: Píldora de sabiduría barata al alcance de cualquier idiota".

lunes, 17 de mayo de 2010

El movil de Hansel y Gretel

Escrito por Hernán Casciari

Anoche le contaba a la Nina un cuento infantil muy famoso, el Hansel y Gretel de los hermanos Grimm. En el momento más tenebroso de la aventura los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer. Mi hija me dice, justo en ese punto de clímax narrativo: “No importa. Que lo llamen al papá por el móvil”.

Yo entonces pensé, por primera vez, que mi hija no tiene una noción de la vida ajena a la telefonía inalámbrica. Y al mismo tiempo descubrí qué espantosa resultaría la literatura —toda ella, en general— si el teléfono móvil hubiera existido siempre, como cree mi hija de cuatro años. Cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer, y sobre todo qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción.

Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica, en cualquiera que se le ocurra. Desde la Odisea hasta Pinocho, pasando por El viejo y el mar, Macbeth, El hombre de la esquina rosada o La familia de Pascual Duarte. No importa si el argumento es elevado o popular, no importa la época ni la geografía.

Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica que conozca al dedillo, con introducción, con nudo y con desenlace.

¿Ya está?

Muy bien. Ahora ponga un teléfono móvil en el bolsillo del protagonista. No un viejo aparato negro empotrado en una pared, sino un teléfono como los que existen hoy: con cobertura, con conexión a correo electrónico y chat, con saldo para enviar mensajes de texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales cuatribanda.

¿Qué pasa con la historia elegida? ¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse desde cualquier sitio, ahora que tienen la opción de chatear, generar videoconferencias y enviarse mensajes de texto? ¿Verdad que no funciona un carajo?

La Nina, sin darse cuenta, me abrió anoche la puerta a una teoría espeluznante: la telefonía inalámbrica va a hacer añicos las nuevas historias que narremos, las convertirá en anécdotas tecnológicas de calidad menor.

Con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no espera con incertidumbre a que el guerrero Ulises regrese del combate.

Con un móvil en la canasta, Caperucita alerta a la abuela a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria.

Con telefonito, el Coronel sí tiene quién le escriba algún mensaje, aunque fuese spam.

Y Tom Sawyer no se pierde en el Mississippi, gracias al servicio de localización de personas de Telefónica.

Y el chanchito de la casa de madera le avisa a su hermano que el lobo está yendo para allí.

Y Gepetto recibe una alerta de la escuela, avisando que Pinocho no llegó por la mañana.

Un enorme porcentaje de las historias escritas (o cantadas, o representadas) en los veinte siglos que anteceden al actual, han tenido como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la incomunicación. Han podido existir gracias a la ausencia de telefonía móvil.


Ninguna historia de amor, por ejemplo, habría sido trágica o complicada, si los amantes esquivos hubieran tenido un teléfono en el bolsillo de la camisa. La historia romántica por excelencia (Romeo y Julieta, de Shakespeare) basa toda su tensión dramática final en una incomunicación fortuita: la amante finge un suicidio, el enamorado la cree muerta y se mata, y entonces ella, al despertar, se suicida de verdad. (Perdón por el espoiler.)

Si Julieta hubiese tenido teléfono móvil, le habría escrito un mensajito de texto a Romeo en el capítulo seis:

M HGO LA MUERTA,
PERO NO STOY MUERTA.
NO T PRCUPES NI
HGAS IDIOTCES. BSO.

Y todo el grandísimo problemón dramático de los capítulos siguientes se habría evaporado. Las últimas cuarenta páginas de la obra no tendrían gollete, no se hubieran escrito nunca, si en la Verona del siglo catorce hubiera existido la promoción “Banda ancha móvil” de Movistar.

Muchas obras importantes, además, habrían tenido que cambiar su nombre por otros más adecuados. La tecnología, por ejemplo, habría desterrado por completo la soledad en Aracataca y entonces la novela de García Márquez se llamaría ’Cien años sin conexión’: narraría las aventuras de una familia en donde todos tienen el mismo nick (buendia23, a.buendia, aureliano_goodmornig) pero a nadie le funciona el messenger.

La famosa novela de James M. Cain —’El cartero llama dos veces’— escrita en 1934 y llevada más tarde al cine, se llamaría ’El gmail me duplica los correos entrantes’ y versaría sobre un marido cornudo que descubre (leyendo el historial de chat de su esposa) el romance de la joven adúltera con un forastero de malvivir.

Samuel Beckett habría tenido que cambiar el nombre de su famosa tragicomedia en dos actos por un título más acorde a los avances técnicos. Por ejemplo, ’Godot tiene el teléfono apagado o está fuera del área de cobertura’, la historia de dos hombres que esperan, en un páramo, la llegada de un tercero que no aparece nunca o que se quedó sin saldo.

En la obra ’El jotapegé de Dorian Grey’, Oscar Wilde contaría la historia de un joven que se mantiene siempre lozano y sin arrugas, en virtud a un pacto con Adobe Photoshop, mientras que en la carpetaImages de su teléfono una foto de su rostro se pixela sin remedio, paulatinamente, hasta perder definición.

La bruja del clásico ’Blancanieves’ no consultaría todas las noches al espejo sobre “quién es la mujer más bella del mundo”, porque el coste por llamada del oráculo sería de 1,90€ la conexión y 0,60€ el minuto; se contentaría con preguntarlo una o dos veces al mes. Y al final se cansaría.

También nosotros nos cansaríamos, nos aburriríamos, con estas historias de solución automática. Todas las intrigas, los secretos y los destiempos de la literatura (los grandes obstáculos que siempre generaron las grandes tramas) fracasarían en la era de la telefonía móvil y del wifi.

Todo ese maravilloso cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por la ciudad, a contra reloj, porque su amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con un SMS de cuatro líneas.

Ya no hay ese apuro cursi, ese remordimiento, aquella explicación que nunca llega; no hay que detener a los aviones ni cruzar los mares. No hay que dejar bolitas de pan en el bosque para recordar el camino de regreso a casa.

La telefonía inalámbrica —vino a decirme anoche la Nina, sin querer— nos va a entorpecer las historias que contemos de ahora en adelante. Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más predecibles.

Y me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real, no estaremos privándonos de aventuras novelescas por culpa de la conexión permanente? ¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora?

No. Le enviaremos un mensaje de texto lastimoso, un mensaje breve desde el sofá. Cuatro líneas con mayúsculas. Quizá le haremos una llamada perdida, y cruzaremos los dedos para que ella, la mujer amada, no tenga su telefonito en modo vibrador. ¿Para qué hacer el esfuerzo de vivir al borde de la aventura, si algo siempre nos va a interrumpir la incertidumbre? Una llamada a tiempo, un mensaje binario, una alarma.

Nuestro cielo ya está infectado de señales y secretos: cuidado que el duque está yendo allí para matarte, ojo que la manzana está envenenada, no vuelvo esta noche a casa porque he bebido, si le das un beso a la muchacha se despierta y te ama. Papá, ven a buscarnos que unos pájaros se han comido las migas de pan.

Nuestras tramas están perdiendo el brillo —las escritas, las vividas, incluso las imaginadas— porque nos hemos convertido en héroes perezosos. 

Fuente: Orsai


lunes, 9 de noviembre de 2009

La indignación burguesa

Maradona dice una guarangada > todo los medios lo repiten y se indignan.
Víctor Hugo cuenta la historia de una ópera de Verdi > nadie lo repite.
Conclusión = a la prensa -casi totalmente- sólo le interesa la inmundicia.
Por eso me encantó la reflexión que hizo Alejandro Dolina sobre la "indignación burguesa" de los medios por los dichos de Diego. Les pongo debajo un video con la grabación de lo que dijo el filósofo de Caseros y luego su transcripción.

Transcripción:
"Ingrid Hamer dice: 'Estimado Dolina, ¿ya no defiende más a Maradona? ¿O acaso ya no hay ningún Sargento Cruz? Vea: Ud. ayudó a alimentar al monstruo que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial. Cordialmente. Ingrid Hammer'. 
Mi respuesta es SÍ. Yo he resuelto -después de un extravío- bancar a Maradona en esto. ¿Sabe por qué? Por personas como usted. La indignación burguesa que sucedió al exabrupto de Maradona fue totalmente patética y asqueante. Un mundo totalmente hipócrita, el mundo de la radio, donde se escucha eso mismo que Diego dijo bajo emoción violenta, pero libreteado, y lo escucha repetir en todas partes (y en la televisión ni hablemos). Ese mundo se indignó. Esos tipos se indignaron. Y esa indignación burguesa me hace ponerme inmediatamente en la vereda de enfrente.
Y lo que un tipo dijo, obnubilado por el momento, por la emoción, por su propia historia, y por su propia condición, después fue repetido 'ad nauseam' por todos los noticieros, con subrayados, subtitulados, duplicaciones, ampliaciones y circulación por Internet, por tipos que no estaban ni obnubilados, ni en estado de emoción violenta, ni perturbados por ninguna cosa, sino que lo planearon diecinueve mil veces. Esos tipos ahora se ponen en la superioridad moral de preguntarme a mí si lo defiendo a Maradona. Bueno, sí, lo defiendo. Si es contra ustedes, lo defiendo. Lo defiendo totalmente.
Y eso de "que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial"... ¡Cipayos provincianos que quieren quedar bien con sus supuestos amos europeos! ¡Yo no tengo ningún interés en quedar bien ante la prensa mundial! ¡No es ésa nuestra obligación! ¿Qué tenemos que quedar bien ante nadie? ¡¿Ante quiénes?¡ ¿Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos? ¡¿Ante quién tenemos que quedar bien?! ¡¿Dónde esta la Fiscalía del Universo?! ¡¿Dónde está la reserva moral de la Humanidad?! ¿En Estados Unidos? ¿En Europa? ¡Déjeme que me muera de risa, Ingrid Hammer!
Y otra cosa: muchas veces, pero muchas, en los medios se dicen cosas muy interesantes. Yo he escuchado casi revelaciones, a veces, dichas por tipos a los que yo admiro mucho. A veces son intelectuales, como el finado Casullo, o Dubati, o José Pablo Feinmann, tipos que realmente tienen un pensamiento interesante. Otras veces son artistas que tienen una iluminación, o incluso locutores, del calibre de Larrea, o de Carrizo, tipos que por ahí dicen cosas que te hacen decir "pero mirá que bien pensó éste". Bueno, a esos NUNCA, nunca los vi duplicados en los noticieros; nunca jamás con subtitulados y subrayados. No los vi nunca porque a esta gente no le interesa el pensamiento ni la inteligencia, le interesa la BASURA. Y entonces Maradona dice esto y ellos lo repiten ciento diez mil veces. Eso es un asco.
Ni me gusta como juega la selección. No me gusta nada. Ni me parece que haya que decir eso. Yo no lo diría. Pero ¿a qué jugamos? ¿Qué es esto? ¿Qué es esto de enojarse, de indignarse y de sorprenderse? Lo dice un Senador de la Nación, y es un piola. Lo dice Maradona, y aparece todo el racismo, todo el desprecio por los pobres, por los que menos tienen; aparecen los de siempre, los muchachos de siempre, a indignarse: ¡oh, la cultura, la cultura! ¡Nuestro embajador! ¡¿Qué embajador?! Es Diego Maradona. Los que tienen que ser cultos son ustedes, no él. Él tiene que dirigir la Selección de Fútbol, y si lo eligieron a él, bueno, es ése, y no Pancho Ibáñez. Bueno, es Maradona, así que aguantenseló. Así que sí, lo defiendo a Maradona. Ante usted lo voy a defender siempre".

domingo, 8 de noviembre de 2009

La liberación de las palabrotas


Ya que Diego se pasa cada tanto por este "Bloc" y deja sus comentarios, me pareció oportuno traer a debate una columna de Rolando Hanglin, en La Nación del 23/10/2009, motivada por los últimos dichos del Diez. Dejo para los comentarios alguna disidencia.

Todos sabemos que, durante su celebrada intervención en el Congreso de la Lengua Castellana en Rosario, Roberto Fontanarrosa pidió la amnistía para tres malas palabras clásicas como "mierda", "pelotudo" y "carajo". Lo hizo con mucha gracia, preguntando: "¿Por qué son malas estas palabras? ¿Les pegan a las otras palabras?". 

Fue un hallazgo de humor absurdo, sobre todo insertado en un Congreso de la Lengua. En este mismo sentido, escuchamos una y otra vez repetir que "las malas palabras no existen". Por supuesto que sí existen, y en todos los idiomas. En italiano, una palabrota es una "parolaccia", y ha servido también para bautizar a un clásico restaurant de Buenos Aires. Los americanos hablan de "Four Letters Words" (palabras de cuatro letras) refiriéndose a "fuck, shit, cunt", etc. 

En el uso cotidiano, las palabrotas tienen idéntica función para todos los idiomas. Los yanquis preguntan: "¿Qué significa esta «fucking»" situación?. Los italianos: "¿Y esto qué «cazzo» es?". Los españoles: "¿Qué «coño» pretendéis?". 

Básicamente, la palabrota es una reserva idiomática. Es decir: un vocablo tabú que el habla cotidiana no emplea. Sólo entra en juego para enfatizar el contenido emocional de una frase: denota furia, exasperación, rabia, o bien entusiasmo y euforia. Se usa sólo en situaciones límite, y por lo general entre personas de confianza, ya que su contenido sexual o directamente obsceno (fuera de lugar, fuera de escena) representa una falta del debido respeto a una dama, a un desconocido o a una persona mayor. 

Bromas aparte, entonces, las malas palabras existen y cumplen un servicio. Incluso hay cómicos que las utilizan con extraordinario arte, como Jorge Corona, Yayo Guridi o Tangalanga. Otros humoristas, como Luis Landriscina, jamás han dicho una palabrota en 50 años de carrera. Digamos que son maneras de trabajar la palabra y cultivar el humor, todas válidas. 

La reciente explosión mediática de Diego Maradona, durante una conferencia de prensa en el estadio Centenario de Montevideo, tras el partido Uruguay 0- Argentina 1, fue precisamente una revancha del técnico argentino contra los periodistas que criticaban su trabajo: "La chupan", dijo. Y luego agregó: "La siguen chupando". Dirigiéndose a uno de los cronistas que lo había criticado, Juan Carlos "Toti" Pasman, expresó: "Vos sí que la tenés adentro". 

Antes de Maradona ya existían estas salidas de tono. Por ejemplo, supo decir el presidenciable argentino Carlos Reutemann: "Que la candidatura se la recontrametan en el medio del culo". En su momento, el ex-presidente Eduardo Duhalde expresó que nuestro país tenía "una clase dirigente de mierda". El dirigente piquetero Luis D´ Elía dijo por radio, en diálogo con el actor Fernando Peña: "Te odio Peña, odio tu casa, odio tus coches, odio a la gente como vos, odio a la puta oligarquía". Y hasta la señora Mirtha Legrand fue sorprendida exclamando: "¡Mierda, carajo!". Con esto demostró ser una verdadera dama, ya que las dos palabras no se usan juntas, y menos en ese orden, con lo cual podemos apreciar que no está acostumbrada a usarlas. 

Ahora bien: después de las expresiones de Maradona, que dieron la vuelta al mundo y fueron noticia en todas partes por la fama de quien las había pronunciado, cundió la fiebre de la imitación. Otras personas se sintieron convocadas a decir lo que sentían, con ese mismo lenguaje. Francisco de Narváez, diputado argentino: "Todos me agradecen por haberle roto el culo a los pingüinos". Podríamos sumar al músico René Pérez, líder del grupo musical Calle 13 premiado por MTV: "Como dijo el gran filósofo argentino Diego Maradona, a toda la gente que no creyó en mí...¡Que me la mamen!". 

Hasta aquí hemos narrado desapasionadamente la secuencia de unos aparentes cambios en el lenguaje. Pedimos disculpas al lector si la retahíla de maldiciones se hace pesada y grosera. Desde ya, aceptemos que estamos desgastando la carga de "tabú" que tienen estas expresiones, cuyo sentido consiste en pronunciarse sólo en situaciones límite. Pero estamos intentando encontrar una explicación para lo inexplicable. 

Primera teoría. Así como los españoles tienen una fabulosa intimidad con la lengua castellana, empleando los verbos, sustantivos, adjetivos, refranes y proverbios con natural exactitud, ya que el idioma y ellos coexisten desde hace quince siglos, así mismo los porteños (no los argentinos, sino los porteños) somos, en gran parte, nietos e hijos de gringos. Nos hemos criado con miedo a las palabras, ya que el gringo, frecuentemente, no sabe bien cómo se escriben ni qué significan. Este miedo a decir algo incorrecto se refleja en el discurso frecuentemente trabado y lleno de lagunas que elabora con gran esfuerzo un oficial de policía -tratando de relatar un choque o un asalto- o el clásico futbolista. Es decir: nosotros, los porteños, tenemos un problema con el idioma, y dadas las falencias de la educación pública en las últimas décadas, ese problema ya se refleja en los periodistas, los abogados o los altos dignatarios. No es difícil escuchar "exena" en lugar de "escena" o "digalén" por "díganle", o "motus propius" en lugar de "motu propio". Se advierten gruesas faltas de ortografía en revistas y video-letreros. Ni hablar de los SMS. Los porteños están peleados a muerte con el idioma. Tanto tropiezan con él, tanto le temen, que se aturullan frente a las palabrotas. Por ejemplo, es común que el periodista porteño, para escribir decorosamente "hijo de tal por cual", escriba h... de p... ¡Como si "hijo" fuese una palabrota! Lo correcto, obviamente, es "hijo de p..." 

Entonces, cuando este pueblo porteño atormentado por las palabras se siente autorizado a hablar "come ti a fatto mamma" es decir con las obscenidades que brotan de su alma como agua de manantial, se produce un auténtico derrame de maldiciones sin ton ni son. En este sentido, la avalancha de palabrotas es un fenómeno exclusivamente porteño. 

Maradona no ha hecho más que abrir accidentalmente una compuerta. 

Segunda teoría: la Argentina vive desde los ´80, con el regreso de la democracia, una extraordinaria confusión. Se ha establecido que nada puede prohibirse ni reprimirse. De lo contrario caeríamos en la dictadura fascista bajo la férula de los milicos. Por eso todo vale: cortar calles y puentes, apedrear vidrieras y tomar colegios o fábricas, ocupar tierras o estancias u hoteles desalojando a sus legítimos dueños. Y también insultar, injuriar, calumniar. Agredir en patota. A esto contribuye bastante el libre juego instituido por Internet en los últimos 10 años: cualquier mediocre puede insultar a una persona respetable desde su confortable anonimato. Hoy sería posible escribir, por Internet, al pie de un meduloso ensayo filosófico de Wittgenstein: "¡Bah, pavadas!". Mediante el insulto, todo se ha nivelado violentamente hacia abajo. 

Agreguemos un detalle más: por algún motivo los porteños confundimos agresión, guerra, odio, con el acto sexual. Por eso todo se traduce en un chupar o un romper que, en realidad, se refieren a asuntos muy íntimos de la condición humana. Muchas personas utilizan verbos que están referidos al amor para aplicarlos a la violación, que casi siempre es violación homosexual y contra natura. 

Como todos los fenómenos sociales verdaderos, este ya se ha instalado en la infancia. Será difícil alterar su curso. 

Mamá le dice a Clarita, de 12 años: 

- Clari, por favor, hacé tu cama. 

- ¡Ay, ma! ¡Chupala!

Un niño de 11 años baraja estampas de superhéroes, separando las "fáciles" de las "difíciles": "Esta la chupa, esta también la chupa, esta otra la chupa...¡Esta sí, esta es buena!". Digamos, todas aquellas que valen poco "la chupan". 

Dicho todo esto, debemos pedir perdón a los lectores por las barrabasadas que hemos escrito. Señores: no fue esta la educación que me dieron mis padres, y mucho menos el Colegio Nacional de Buenos Aires. Nos arrepentimos, pues, con Francisco de Narváez -que tuvo el buen sentido de pedir disculpas- y prometemos que no volverá a suceder. 

Fuente: La Nación

miércoles, 20 de mayo de 2009

Primeras frases

Hay algo que siempre me llamó la atención al abrir un libro: la primera frase. No es que no continuase leyendo, pero la primera frase tiene un impacto fundamental. La primera frase de una obra es como una tarjeta de invitación. Uno la mira de un tirón y extrae conclusiones sobre cómo será esa fiesta o reunión. Si le parece que será interesante o divertida, decidirá ir, y caso contrario tirará la tarjeta al tacho y olvidará el asunto. Muchas veces la primera oración de un libro es lo que decide al potencial lector a leer la obra (de hecho, ese es el criterio que yo uso muchas veces cuando entro en una librería). Una primera frase puede anunciarnos grandes aventuras o profundas tristezas, puede asustarnos o generarnos curiosidad. La primer oración de cualquier escrito (sea literario o científico) es una espléndida oportunidad que tiene el autor para invitarnos a leer su obra. Las que cito a continuación son algunas de las invitaciones que más me gustaron y recuerdo con más cariño.

Algunas nos adelantan el perfil de su personaje principal:

Nació con el don de la risa, y la intuición de que el mundo estaba loco. Y ese fue todo su patrimonio. [SABATINI, "Scaramouche"]

No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. [PÉREZ-REVERTE, "El Capitán Alatriste"]

o el problema con el que se tendrá que enfrentar:

Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa. [AUSTEN, "Orgullo y Prejuicio"]

Otras anuncian la tragedia casi oracularmente:

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Mi pecado, mi alma. [NABOKOV, "Lolita"]

Todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera. [TOLSTOI, "Ana Karenina"]

Encuentro particularmente atractivas a las que encierran en sí toda una historia:

Era la clase de chica a la que nadie echaría de menos si muriese.Y entonces, un día... murió. [HURLEY, "Ghostgirl"]

Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. [KAFKA, "La metamorfosis"]

Mi marido desapareció. Volvió del trabajo, apoyó la servilleta contra la pared, me preguntó si había comprado el pan. Serían alrededor de las siete y media. [DARRIEUSSECQ, "Nacimiento de fantasmas"]

Elegantísimas e intrigantes son las que usan figuras retóricas como la metáfora y el oxímoron:

Era la mejor de las épocas, era la peor de las épocas; la edad de la sabiduría, y también de la estupidez; la época de las creencias, la época de la incredulidad; la era de la luz, la era de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. [DICKENS, "Historia de Dos Ciudades"]

Las suaves lluvias de abril han penetrado hasta lo más profundo de la sequía de marzo... [CHAUCER, "Cuentos de Canterbury"]

El universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia. Uno no está en casi ninguna parte. [DOLINA, "Historias de amor", cuento del libro "Crónicas del Ángel Gris"]

El invierno de nuestro descontento se ha vuelto verano... [SHAKESPEARE, "Ricardo III"]

Menos comunes son las que tienen un toque de humor, pero no menos deliciosas:

¿Qué me preguntaste, Andy Bissette? ¿Si yo "entiendo esos derechos tal como me los explicaste"? ¡Mierda! ¿Qué es lo que hace que algunos hombres sean tan estúpidos? [KING, "Dolores Claiborne"]

Hay también primeras frases que no tienen ninguna "chispa" de genialidad pero que se vuelven memorables porque genial es la obra que inician, como:

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme,  no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. [CERVANTES, "Don Quijote de la Mancha"]

Pueden llamarme Ismael. Hace algunos años —no importa cuántos exactamente—, con poco o ningún dinero en mi billetera y nada en particular que me interesara en la tierra, pensé en darme al mar y ver la parte líquida del mundo.  [MELVILLE, "Moby Dick"]

En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad. [TOLKIEN, "El Hobbit"]