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miércoles, 4 de agosto de 2021

jueves, 1 de marzo de 2012

Se ha dicho sobre el trabajo (entendido como "el empleo")...


"Algo malo debe tener el trabajo porque si no, los ricos lo habrían acaparado".(Mario MORENO, alias CANTINFLAS)

"El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer". (Oscar WILDE)

"El trabajo es todo lo que se está obligado a hacer; el juego es lo que se hace sin estar obligado a ello". (Mark TWAIN)

"No es cierto que el trabajo dignifica al hombre, sino al contrario: el hombre dignifica al trabajo". (Mi PSICÓLOGO)

"Cuando el trabajo es un placer, la vida es bella. Pero cuando nos es impuesto, la vida es una esclavitud". (Máximo GORKI)

"El trabajo es un invento de los ricos para mantener ocupados a los pobres". (ANÓNIMO)

"Hay que trabajar ocho horas y dormir ocho horas, pero no las mismas". (Woody ALLEN)

"Si el trabajo es salud..., ¡que trabajen los enfermos!". (Alberto OLMEDO)
"No es que el trabajo sea malo, sino que lo malo es tener que trabajar". (DON RAMÓN, de la vecindad del Chavo del 8)

"Trabajadores del mundo, descansad". (Bob BLACK , el filósofo anarquista)

"Acá hay tres clases de gente: las que se matan trabajando, las que deberían trabajar y las que tendrían que matarse". (Mario BENEDETTI)

"La relación de empleo es alienante" (YO)

"¿Qué quiere decir con eso de que necesita
encontrar un balance entre su trabajo y su familia?
Nosotros lo consideramos parte de nuestra familia".

martes, 22 de noviembre de 2011

lunes, 8 de agosto de 2011

viernes, 14 de enero de 2011

Cómo simular que uno trabaja


jueves, 4 de febrero de 2010

El derecho a la pereza


Hace ya varios años, husmeando en una librería de usados de la calle Corrientes me encontré con título que atrapó inmediatamente la atención: "El derecho a la pereza". Editado por Galerna, la contratapa indicaba que su autor, Paul Lafargue, había sido el primer diputado socialista en Francia y que se había casado con una hija de Karl Marx. Era un librito chiquito de alrededor de cien páginas, letra grande y hojas pequeñas. Lo compré por tres o cuatro pesos. En cuanto lo abrí no pude dejar de leerlo hasta el final. Fue una epifanía (aunque, mas exactamente, debería decir que fue como una manifestación de algo que anteriormente solo percibía entre sombras). El tipo destruía con palabras claras y un discurso entusiasta y ágil un ícono del mundo moderno: el trabajo. Entiéndase, el trabajo entendido como "la relación de empleo", no el trabajo como la simple realización de una actividad física o intelectual. Y a mi, que nunca me gustó laburar, el librito me fascinó. Transcribiré algunos párrafos deliciosos para Uds.:

"Una extraña locura posee a las clases obreras de las naciones donde reina la civilización capitalista. Esta locura acarrea con ellas las miserias individuales y sociales que desde hace dos siglos torturan a la triste humanidad. Esta locura es el amor al trabajo, la pasión moribunda por el trabajo llevada hasta el agotamiento de las fuerzas vitales del individuo y su progenie".

"En la sociedad capitalista, el trabajo es la causa de todas las degradaciones intelectuales, de todas las deformaciones orgánicas".

"Para el español, en quien el animal primitivo no está atrofiado, el trabajo es la peor de las esclavitudes (el proverbio español dice: 'el descanso es salud')".

"Los filósofos de la Antigüedad enseñaban el desprecio al trabajo, degradación del hombre libre; los poetas cantaban loas a la pereza, regalo de los Dioses: Oh Melibea, Un Dios nos ha / dado esta ociocidad (Virgilio, 'Bobólicas')".

"Cristo en su sermón de la montaña predicó la pereza: 'Mirad los lirios del campo, que no trabajan ni hilan, y sin embargo os digo que Salomón, con toda su gloria, jamás ha estado vestido tan brillantemente".

"Jehová, el Dios barbudo y adusto, dio a sus adoradores el supremo ejemplo de la pereza ideal; pasados seis días de trabajo, descansó por toda la eternidad".

¡Me convenció!


Y hablando de Jehová, una cosa muy curiosa es que la gente parece olvidar que cuando creó el mundo armó las cosas de modo tal que el Hombre no tenía que trabajar; simplemente toda la naturaleza estaba a su servicio. Adán y Eva se dedicaban al ocio. Y recién luego, cuando pecan y los hecha del Edén, Dios los maldice con el trabajo: «Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida. Espinas y abrojos te producirá, y comerás la hierba del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás.» (Génesis 3, 17-19).


Te digo más!, ¿vieron que hay alguna gente que si ve que alguien logra hacer algo bien pero sin que le haya costado "esfuerzo" o "fatiga" dice: "eso no es trabajo"? Imbéciles. Es como si pensasen que el "verdadero" trabajo debe implicar necesariamente alguna medida de sufrimiento, si no, no es trabajo. Son los locos de los que habla Lafargue.

Una joyita más de Lafargue para terminar:

"Los filósofos, los economistas burgueses, desde el tristemente confuso Augusto Comte hasta el ridículamente claro Leroy-Beaulieu; los literatos burgueses, desde el charlatanescamente romántico Víctor Hugo hasta el ingenuamente grotesco Paul de Kock, han entonado los cánticos nauseabundos en honor del dios Progreso, primogénito del Trabajo".

jueves, 17 de septiembre de 2009

¿Por qué la jornada de trabajo es de 8 horas?

¿Nunca se preguntaron por qué hay que ir a trabajar 8 horas todos los días? (bueno, los días laborables) (lo que me lleva a preguntarme ¿por qué hay que trabajar de lunes a viernes? Lo dejo para otro post).

Hay dos tipos de respuestas, según quien responda. Están aquellos que traen a colación la historia de la lucha obrera por reducir la jornada laboral, de aquellas 12 horas por día en Inglaterra en el siglo XIX, a las 8 del mundo globalizado en el siglo XX. Y ven la jornada de 8 horas como una "conquista". Y entonces la respuesta pasa siemplemente por una cuestión de fuerza: si tienen más fuerza los sindicalistas, la jornada laboral es mas corta, si tienen más fuerza los empresarios, la jornada es mas larga.

Después están los racionalistas, esa gente tan prudente que siempre busca respuestas muy racionales para todo. Estos te dicen que la jornada laboral es de 8 horas porque es un tercio de la duración del día. Y que es razonable dividir el día en partes iguales entre las tres actividades que necesariamente todo hombre debe realizar: a) trabajo, b) entretención y c) descanso. Así, uno dedicaría 8 horas a trabajar, 8 a entretenerse sólo o con amigos y 8 a dormir.

Pero lo que pasa con los racionalistas es que la vida real nunca se da como en sus ejemplos de laboratorio. Porque lo que se cumple "a rajatabla" es que los patrones te obligan a trabajar 8 horas, que además se convierten en 9 horas dedicadas a que él gane plata porque en el medio está la de almuerzo, durante la que en realidad estás pendiente y a disposición del jefe. Los otros dos tercios nunca se cumplen "a rajatabla". Por otro lado, a las 9 horas que uno dedica al trabajo (recuérdese que la de almuerzo es en función del empleo) hay que sumar la hora (aproximadamente) que uno tarda en ir al trabajo y la otra hora que uno tarda en volver del trabajo a su casa. Si bien es tiempo que uno no está propiamente trabajando, son horas que están ocupadas en función del empleo. Con lo que ya llevamos 11 horas para el trabajo (o sea para otro). Pero no hay que olvidar que cuando uno se levanta a la mañana entre que se baña, viste y desayuna tarda aproximadamente 1 hora en salir de su casa (y si sos mina y querés estar bonita, 2 horas). O sea que son 12 horas dedicadas al trabajo. O sea que no es un tercio, sino la mitad del día que el empleado dedica su energía vital a otro hombre o grupo de hombres, la patronal, para que ganen dinero (en general, a cambio de un magro salario).

En síntesis: una verdadera estafa esto de la jornada laboral de 8 horas.

Para empezar a hablar con la patronal, yo diría que si quieren que trabajemos un tercio del día, O.K., un tercio del día, sí, pero que sea un tercio de las horas "útiles". Lo que sería así: 6 - 6 - 6 y 2 horas in-útiles antes de cada tercio necesarias para prepararse para la actividad que vendrá.

martes, 16 de junio de 2009

"El Machista", por Rolando Hanglin

Un divertido -y muy cierto- cuentito de Rolando Hanglin (en La Nación de hoy):

El Sr. Fernández llega a la oficina a las ocho en punto de la mañana. Siempre ha sido cumplidor: treinta años trabajando en distintas empresas, y jamás dejó de presentarse a las ocho en punto. Aunque estuviera enfermo. Siempre correctamente vestido y decidido a trabajar hasta las ocho o nueve de la noche.

El Sr. Fernández se sienta frente a su escritorio. Al rato llega el Sr. González, que se sienta en el pupitre de al lado, y luego la señorita López, que se permite llegar a cualquier hora porque disfruta de ciertas ventajas, en fin.

La señorita Inés, secretaria del Máximo Jerarca, se hace oír desde el talk-back.

- ¡Fernández, lo llama Jerarca!

Nuestro hombre se levanta de un salto, toma sus carpetas y camina de prisa hasta el despacho del Máximo. Golpea suavemente la puerta.

- ¡Pasá!- truena la voz de Jerarca. Un hombre imperativo, de carácter recio, pero, buena persona.

- Pasá te dije, Fernández. No, no te sentés. Escuchame una cosa.

Máximo Jerarca no termina de iniciar su discurso. Es como si disfrutara de este momento de suspenso, casi diríamos de angustia, porque su semi-sonrisa no permite adivinar si tiene buenas o malas noticias para comunicar.

- Tu sección, Fernández. Ha perdido tres puntos porcentuales de venta en el último bimestre. ¡Tres puntos! ¿Tenés alguna idea de lo que está pasando?

- Este no, señor Jerarca, me agarra tan de sorpresa. Pensé que estábamos vendiendo bien. Si usted me permite ver las cifras de venta, cuadra por cuadra, a lo mejor puedo analizarlas y sacar alguna conclusión útil.

- ¡Las estadísticas de venta son exclusivamente para el personal jerarquico, Fernández! ¿No lo sabías?

Fernández baja la cabeza y calla.

El Máximo suspira, fuma su largo cigarrillo rubio, carraspea y dice:

- Está bien, Fernández. Andá. No te necesito más. Veremos qué hacemos...

Ese "veremos" es como un puñal clavado en las entrañas. Fernández vuelve a su escritorio. A las 10.45 se levanta para orinar. A las 12.50 vuelve a levantarse para comer un tostado de jamón y queso, y un café con leche. Ese es su almuerzo, en el barcito de la cuadra. Luego hay una reunión de Ventas (a las 14) una sesión de control estadístico para verificar precios y bonificaciones, y la habitual tarde de planillas, cálculos y números.

Fernández sale de la oficina a las 20.30, cansado y con hambre. Sube a su Fiat 99 pero descubre que se ha quedado sin nafta, y el celular no funciona porque la batería está agotada, de manera que no hay modo de comunicarse con el Auxilio. Baja del auto y busca un colectivo: ¿El 229, el 60, el 119? Todos están llenos, y para colmo Fernandez no recuerda cuál es el que va para su barrio. Que es el viejo y noble San Fernando, cerca de la Estación Tigre.

Largo viaje en colectivo, parado. A las diez de la noche, Fernández entra a su casa. Abre con su propia llave.

- ¡Se te hizo tarde, gordo! ¿Qué te pasó?- grita Nelly desde la cama.

- Problemas, problemas.

- Bueno, servite. Ahí en la mesa tenés fideos. Están calentitos. Yo estoy hablando por teléfono con mi cuñada. Hay un lío bárbaro con la profesora de Pilates. Después te cuento.

Fernández se sienta a la mesa. Los fideos están helados y conforman una masa sólida. El tuco se escurrió hacia abajo. No hay vino, no hay vaso y no hay queso.

- ¡Gorda! ¡Falta el queso rallado!

- Buscátelo vos, gordo, no hinchés. Estoy en la cama. Desde las ocho que no paro.

Fernández está agotado y un poco triste. Piensa en sus hijos. Llama al nene:

- ¡Facu, Facu! ¡Vení y alcanzame el queso rallado!

El adolescente no contesta. Seguramente, no ha oído. Tiene la música a todo volumen. Puede ser regaetton, rock-and-roll o funk. ¿Cuál será la diferencia?

- ¡Jessica, vení, dame una mano! ¡A ver si me alcanzás el vino y el queso!

La hija tampoco acude. Ultimamente, sale a bailar todas las noches, vuelve a las diez de la mañana y después claro, está todo el día durmiendo. La Facultad no la atrae, no la engancha. Ella dice: "No es lo mío".

Reprimiendo una maldición entre dientes, el Sr. Fernández se levanta exhalando un quejido (los riñones pesan) y camina hasta la cocina. Revuelve la alacena, la heladera, la mesita chica, con cierta exasperación, sin encontrar el vino ni el queso rallado. Se le cae estrepitosamente un balde con trapos y cepillos. Alarmada, acude Nelly.

- ¿Qué pasa, gordo? ¿Estás rompiendo todo? ¿Otro ataque de furia?

- No, Nelly, es que vengo de mal humor y los fideos están fríos. Tuve que tomar el colectivo.

- ¿Y por eso gritás y golpeás, por eso insultás como un loco?

Nelly está en chinelas. Inspira profundamente para extraer todo el humo de su cigarrillo y se ve que le tiemblan las manos. Es entonces cuando se quiebra, se quebranta por el peso de la pena. Los ojos se llenan de lágrimas. Con el pulgar y el índice de la mano derecha se oprime el puente de la nariz, entre ambos ojos. Está llorando, y es en ese instante que emite el justo reproche:

- ¡Machista, autoritario, facho!



miércoles, 25 de febrero de 2009

LO DICE LA CIENCIA: Trabajar hace daño a la salud

.¡Lo sabía! Será por eso que siempre me sentí mal en mis empleos.
Según un informe del Hospital San Martín, de la ciudad de la Plata, la vuelta al trabajo luego de las vacaciones produce acidez y malestares estomacales en un gran porcentaje de la población. ElDr. Roberto Retta, gastroenterólogo a cargo de la Unidad de Motilidad del Hospital, explicó al diario "El Argentino" que "los factores emocionales nocivos generan un círculo vicioso: a mas angustia más síntomas y a su vez, más preocupación y mayor malestar porque la persona está más pendiente de todo lo que siente".
Asimismo, ese gran diario argentino también nos anoticia de otro informe, esta vez elaborado por la consultora TNS Gallup, en el que se afirma que "
la mitad de los trabajadores de la Argentina se sienten "muy o bastante" estresados en su puesto,
mientras que en la Capital Federal esta cifra crece en forma significativa, ya que el 65 por ciento de las personas reconoce que su empleo le produce este problema".
A mi, esto me viene como anillo al dedo, es la base científica que necesitaba, así que mañana no voy a laburar "por razones de salud".
(Fuentes: Diario "El Argentino", 25/02/2009, pág. 9; y www.diarioelargentino.com.ar)

Para los irresponsables que insistan en seguir asistiendo a sus empleos, desde TDM les ofrecemos un método paliativo: