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martes, 17 de febrero de 2015

50 Sombras de Grey - La "Review" de TDM!

   No le voy a poner puntos. Ni estrellitas. Esta no es esa clase de críticas.
   No solemos comentar películas aquí; más bien nos burlamos de ellas. Pero cuando fui a ver ésta me pasó algo que quiero compartir con Uds., fieles lectores (1 amigo, 2 sobrinos, 1 ex novia y Dios -que  vale por 3) (mamá no cuenta).
   Como todos saben (bueno... Uds. 7) mi territorio es la palabra. Y en particular la palabra como narración. Veo estructuras narrativas detrás de todo; la teoría del Big Bang, la muerte de Nisman, la ley de alquileres, etc. Y todo este fenómeno de que millones de amas de casa de todo el mundo comprasen y disfrutasen una novela cuyo tema central era el sadomasoquismo,  me resultaba incomprensible... hasta que lo vi como una narración!
    Bastante obvio ¿no?, me dirán; al fin y al cabo se trata de una "novela". Sí, pero es que se ha hablado tanto -y por tantos- del asunto, que ya estaba mareado. Volver a traerlo al ámbito del arte de narrar una historia me aclaró las cosas.
   Mi confusión había llegado a este punto: era simplemente incomprensible que el tema del sadomasoquismo fuese tan... como decirlo... agradable, apasionado, emocionante de leer. Sencillamente porque a la mayoría de las personas les produce un rechazo natural eso del dolor.
   El dolor es inaceptable en el mundo moderno. El dolor es visto como algo malo. Nadie que se considere abierto de mente, pluralista, culto, solidario está a favor del dolor. Por el contrario, en nuestra cultura la impronta es que estamos en contra del dolor de las guerras y a favor de la paz, en contra del dolor de la mujer que quedó embarazada sin quererlo y a favor de su paz (psicológica, emocional y física), en contra del dolor del travesti mayor de 40 años que no consigue trabajo y a favor de darle por eso una pensión de $ 8.000 por mes.
   Tan en contra estamos del dolor, que estamos en contra del dolor que sufren los fumadores: porque fumar les va a producir enfermedades que les van a causar dolor, y todo esto aun cuando ellos mismos no lo sepan.

   Que haya algunos pocos a los que les guste y otros pocos que le encuentran un "sentido" (existencial o religioso) al dolor, no cambia esa impronta cultural típica de la modernidad y la postmodernidad.
   Y sin embargo...¡"50 sombras de Grey" vendió más de 31 millones de ejemplares en todo el mundo! ¡Y al 99 % de las mujeres que la leen les encanta!
   ¡¿Quién me explica este fenómeno?!
   Primero leí a los que decían que el éxito se debe a que la mayoría de las mujeres tienen fantasías sadomasoquistas en las que desean ser dominadas por la fuerza y sometidas a la sumisión por medio del dolor físico.
   Mmmmm... que las mujeres tienen fantasías: sí (obvio, los hombres también las tenemos); que tienen fantasías sadomasoquistas; solo algunas supongo; que se exitan con la fantasía de ser sometidas mediante el dolor físico: no creo (puede que unas pocas sí, pero no las millones que disfrutaron con la novela)
   Después leí a los que decían que el éxito se debe a que ahora las mujeres son más "open mind" y están liberadas sexualmente; entonces se dan el gusto de leer en el colectivo y en el supermercado una novela erótica bien provocadora ya que es sadomasoquista.
   Mmmmm... no. No me cierra esta explicación porque hay cientos, ¡miles! de novelas eróticas en las librerías. Pero la que vende millones es "50 Sombras de Grey", no las otras.
   Después leí a los sadomasoquistas, que están muy contentos en general porque por fin el mundo les ha dado la razón. El sadomasoquismo es un placer!
   Mmmmm... no. Amigos sadomasoquistas, todas estas señoras que leen "50 Sombras de Grey" en el subte los continuarán mirando con asco si les cuentan sus gustos sexuales. ¿Cómo lo se? Porque las conozco y porque precisamente en eso estriba la paradoja del éxito de la narración: en que millones de personas que habitualmente ven con aversión al sadomasoquismo leen y disfrutan de una novela sadomasoquista.

   Ninguna de esas explicaciones me cerraba. Y entonces recordé mi tierra: la palabra como historia, como narración. Y volví al terruño.
   Aquí va mi propia explicación sobre la paradoja del éxito de "50 Sombras de Grey":

   En una sola frase: el sadomasoquismo es el obstáculo.

   Me explayo. Para que una historia de amor sea interesante tiene que haber 4 cosas:

   1- Un amante
   2- Otro amante (por lo menos, pero puede haber más)
   3- El proceso de "enamoramiento" entre ellos; y
   4- El OBSTÁCULO que hace imposible la concreción de ese amor.

   Si falta alguno de esos elementos, la historia no interesará a nadie. Incluso si hubiesen los 3 primeros, a los únicos que interesará la historia es a los mismos protagonistas (en el caso que fuese un hecho real).

   ¿Por qué? Porque es el "obstáculo" lo que hace ROMÁNTICA a la historia. Sin "obstáculo" sí existirá una historia de amor, pero no será "romántica".
   Todos hemos vivido nuestras propias historias de amor: conocimos a otra persona que nos resultó interesante y atractiva, pegamos onda, salimos, nos enamoramos, nos casamos, tuvimos hijos y fuimos felices. Pero ¿a quién le interesaría leer esooooo? Sería A-BU-RRI-DÍ-SI-MO; excepto, claro, que -como dije- seamos nosotros mismos, o a nuestros hijos o a algún amigo.
   Nuestras historias cotidianas en que los hombres y las mujeres nos enamoramos son historias de AMOR, pero, narrativamente, literariamente, no son historias ROMÁNTICAS. ¡Porque no hay "obstáculo"!
   En cambio, una historia -real o ficticia- en la que los padres de ella se oponen a que vea a ese chico (porque es el hijo de un enemigo: "Romeo y Julieta"; porque es de otra raza: "¿Adivina quién viene a cenar esta noche?"; etc.), o en la que uno de los dos tenga un diagnóstico terminal ("Tierra de Sombras"), o en la que el hombre es un cura ("Camila"), ¡es una historia maravillosa! ¡atrapante! ¡queremos saber más sobre esos personajes! ¡sufrimos con ellos porque no pueden amarse! ¡Ésas son historias ROMÁNTICAS!
   Bien, llegó la hora de concluir, y el punto es este:
   A las millones de señoras que leyeron la novela no les molesta para nada el sadomasoquismo que aborrecen, ¡porque el sadomasoquismo es el OBSTÁCULO que hace que la historia sea romántica! Cómo él es sadomasoquista y ella no, su amor es imposible; hay un obstáculo insalvable,¡y eso es re-romántico! ¡Queremos saber que les pasa! ¡¿que harán los amantes?!  ¿La historia será una comedia? con final feliz; ¿un drama? con una separación dolorosa al final; ¿una tragedia? con los dos muertos al final.
   "50 Sombras de Grey" no vendió millones de ejemplares porque es una historia sadomasoquista; vendió millones de ejemplares ¡porque es una historia RE-ROMÁNTICA!

miércoles, 6 de febrero de 2013

"Beber en rojo", de Alberto Laiseca

    Recientemente publicada por la editorial Muerde Muertos, Beber en rojo de Alberto Laiseca es, a mi ver, una de las obras capitales de la actualidad para reflexionar sobre el valor y la naturaleza del arte (y no sólo del literario).


    La novela (que es una reescritura del Drácula de Bram Stocker) cuenta la historia del encuentro en pleno siglo XXI entre un Jonathan Harker bastante cándido pero reiteradamente inspirado por la Musa, y un Drácula monstruoso pero no abominable. Dividida claramente en tres partes, la primera de ellas relata la llegada del inglés al castillo de Drácula en los Cárpatos; la segunda consiste en un ensayo que Jonathan Harker escribe inspirado por Drácula sobre "La importancia del monstruo en el arte"; y la tercera relata la historia sobre cómo la maldad sólo puede ser redimida por el amor. Un breve epílogo cierra la narración.
    Adrede no me he adentrado en el detalle de los hechos para no arruinar al lector el placer de la sorpresa. Y porque lo que más me interesa es, como dije al principio, profundizar sobre lo que esta obra nos aporta para reflexionar sobre el lugar del arte en nuestras vidas.
    José María Marcos, en el estudio introductorio a la novela, da una definición sobre la literatura de Laiseca y su "realismo delirante" que destaca por su brillante síntesis y su capacidad para iluminar la comprensión de la obra del "Maestro Lai": La visión laisequiana de la realidad "nos permitiría combinar el pensamiento lógico con la intuición, brindándonos la posibilidad de expandir nuestra realidad mediante un largo camino de aprendizaje" (p. 7). Una lectura detenida de la obra (y más de una vez) permite apreciar esa combinación entre el pensamiento lógico y la intuición; y cómo es posible eso de "expandir nuestra realidad".
    El mismo Laiseca explicó, en otra oportunidad, cómo su "realismo delirante" "sirve para distorsionar y producir efectos que amplifican o disminuyen determinadas zonas del pensamiento y del sentir para que las cosas se vean mejor". Eso me recuerda a Juan Bautista Alberdi cuando señalaba que algunas verdades, para que sean comprendidas, deben ser explicadas de forma exagerada.
    Desde un punto de vista filosófico, aparece en primer lugar una toma de postura clara por parte de Laiseca: las cosas sólo existen en tanto son "expresadas" (ps. 41 y 61). En la tradición central de occidente ese concepto implica la inseparabilidad de "forma" y "sustancia". Los entes, las cosas que existen, incluídos los seres humanos, tienen una sustancia, algo que los hace ser lo que son, una esencia, pero esa esencia existe sólo de la forma en que se expresa, en que se hace presente en la realidad.
    Es en ese horizonte de comprensión que se presenta el ensayo que abarca casi la mitad de la obra: "La importancia del monstruo en el arte". Al utilizar el término "monstruo" Laiseca no se refiere, en rigor, a lo que habitualmente se entiende por "monstruo": una criatura de formas horrorosas o exageradas que causa espanto a quienes la ven o entran en contacto con ella; sino a un ser "único en su especie" (p. 63) (un ser "sui generis" diríamos los abogados). 
    La capital importancia que Laiseca da a estos seres no radica simplemente en que causen miedo, sino en que nos ayudan -en su exageración y desmarco de nuestra cómoda visión cotidiana de la vida- a percibir la -y perdóneseme la redundancia- la verdadera realidad (aunque sea un poco, aunque sea el comienzo de un largísimo camino que probablemente nunca concluyamos; sea porque no hemos podido seguir adelante con nuestros humildes medios, o porque la parca nos lleve antes de llegar al final). Hay que golpearnos fuerte para que podamos percibir la Realidad detrás del velo de nuestra inclinación hacia dentro de nosotros mismos. Hay que sacarnos de cuadro, tirarnos fuera del marco cotidiano en el que vivimos nuestras vidas sin ver la realidad; mirandola a las apuradas pero no viéndola. Y quien quiera lograr eso a través del arte, sólo puede hacerlo, como se ha dicho, golpéandonos, como una cachetada que se le da a una persona que ha perdido la consciencia o el control de sí mismo. Y los monstruos sirven para eso. Es esa la razón por la cual son tan importantes.
    Es cierto que Laiseca juega a lo largo de toda la obra con la ambivalencia que más arriba he advertido sobre la palabra "monstruo", ¡pero es sólo un juego! (o al menos así lo tomé yo). Precisamente, una de las cosas que se destaca en esta novela y otras narraciones del autor, es la presencia del plano lúdico de la vida. Laiseca no deja de jugar, aún cuando esté escribiendo una historia de horror o de aventuras.


    Admito que todo lo anterior es sólo "una" interpretación de la obra. Es la que yo he hecho y aquí comento. Ello no descarta, desde luego, que otros lectores hagan una lectura diferente -e igualmente válida- del libro.
    No quiero finalizar sin antes agregar unas palabras sobre la tercera parte de la novela. Porque de allí surge una cosmovisión muy importante del autor; y que es la siguiente: aunque el mal tenga una especie de fuerza de gravedad a la que ninguno de nosotros puede sustraerse, hay un acto de nuestra voluntad, y sólo uno, que nos permite evitar caer en ese "lado oscuro", o regresar de él: el amor.
    Muchas otras cosas deliciosas tiene esta novela, muchas "joyitas", pero es prudente que me detenga aquí. Para no agobiar al lector y para darle la oportunidad de gozar descubriéndolas por su propia cuenta.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Los precursores olvidados


Hace poco Barriga Negra me prestó un librito muy divertido que acaba de aparecer en las librerías de Buenos Aires; se titula Del Panteón a Buenos Aires y reúne más de una decena de columnas, notas, comentarios y otros opúsculos del genial René Goscinny, querido y mundialmente famoso creador de Asterix y Lucky Lucke, entre muchos otros personajes de historieta.


Editado por Libros del Zorzal aquí en Buenos Aires, la obra nos lleva a disfrutar del descollante sentido del humor de Goscinny en formato de prosa.
A modo de perla y homenaje transcribiré para Uds. algunos párrafos de uno esos artículos, intitulado "Los precursores olvidados":

     Comemos una cereza y eso nos parece lo más natural del mundo.
     ¡Y sin embargo...!
     Y sin embargo, fue necesario que un día uno de nuestros ancestros se decidiera a probar esa pequeña fruta roja que nadie antes había mordisqueado. Esto sucedió seguramente en la prehistoria: en efecto, ningún manual, ningún experto, dice quién fue el primero en animarse a comer una cereza. [...]
     Eso es lo injusto: el manto de olvido que cubre a los precursores de la gastronomía. Se festeja a los pioneros del cine, de la aviación o el teléfono; pero no hay más que indiferencia para los exploradores de la alimentación. Y sin embargo, vamos sólo una vez por semana al cine, tomamos un avión dos veces al año (siempre y cuando algunos sectores del personal no estén en huelga) y, en cuanto al teléfono, no me hagan reír  En cambio, comemos dos o tres veces por día, todos los días. ¿Entonces?
     Entonces, hay que hacer justicia al coraje de Glonk, hombre de las cavernas que formuló en su pequeño cráneo puntiagudo la siguiente proposición:
     "En árbol, pequeña fruta. Pequeña fruta, roja, bonita. Capaz buena para comer también. Yo, probar".
Glonk la probó, y esto tuvo su mérito, puesto que tan sólo el día anterior, su colega Gazunk había intentado averiguar si la cicuta mejoraba el gusto de la ensalada.
     Sin Glonk, sin su espíritu de aventura. sin su temeridad loca, la torta de cerezas nunca hubiera sido lo que es hoy  día. Piénsenlo, niños.
     Y ocurre lo mismo con todo lo que comemos, con todo lo que bebemos.
     [...]
     [Hablemos] de los hongos. ¡Ah, los hongos...! Fue necesario que alguien corriera menudo riesgo para que nosotros pudiéramos confeccionar esas coloridas láminas; tan útiles , de nuestros diccionarios. El primer tipántropo que tuvo la descabellada idea de morder un hongo debió dar con uno bueno; de otro modo, me juego entero a que hoy comeríamos tantos hongos como trapos de piso al vino blanco. Envalentonado por el feliz ensayo, el tipántropo se dijo: "Si hongo marrón, muy bueno, el bonito de allá, rojo con puntos blancos, ¡aún mejor!".
     Después de lo cual, la familia del desdichado héroe pensó; "Hongo marrón, bueno. Hongo rojo con puntos blancos, desconfiar".
     Y la noche terminó alegremente, con todos los invitados revolcándose de risa por el suelo y mirando a un piafasaurio devorar al primo micólogo.

Y esto fue sólo un botón de muestra. ¡No se lo pierdan!.


lunes, 29 de octubre de 2012

Rastafaris



"El puro del rastafari olía a abono. No tengo ni idea de lo que piensa esa gente. Tampoco es que haya conocido a ninguno. No soy racista, pero considero que los ingredientes del llamado crisol de razas tardan muchas generaciones en fundirse".

David Mitchell, El atlas de las nubes

domingo, 2 de septiembre de 2012

Muerde Muertos


Después de un año de ansiedad la editorial Muerde Muertos ha presentado su buque insignia. Su mascarón de proa, su palo mayor, podríamos decir si continuamos con las metáforas navales. Homónimo de la editorial su título es "Muerde Muertos" y sus autores Carlos y José María Marcos, los dos hermanos fundadores de esa ya mítica casa editora dedicada a la "literatura fantástica, el terror, lo erótico y aquellas obras que apuestan a estimular la imaginación".

Orquestada entre Buenos Aires y Salamanca la novela cuenta una historia de suspenso compuesta por dos personajes unidos por una búsqueda imposible. Blaise Orbañeja, achacoso bibliotecario retirado en Argentina y sumido en una penosa subsistencia al borde de la miseria, desea encontrar el misterioso Traité théorique sur l'art du croque morts (Tratado teórico del oficio de muerte muertos en su edición española de 1649), supuestamente escrito por uno de sus antepasados y que contiene un arcano ritual capaz de traer a los finados del otro lado de las aguas del Estigia, entre otras delicias. En España, Jesús Figueras Yrigoyen, veterano periodista argentino radicado en Salamanca, anhela saber qué ha sido de su hermano al que hace varias décadas que se lo da por muerto. Orbañeja chantajea a Figueras: a cambio de la búsqueda del libro en ciertos herméticos grupos salmantinos, él le proporcionará los datos para ubicar el cadáver de su hermano.
Pero no es sólo ese planteo -que promete aventuras apasionantes y estremecedoras- lo que hace especial a esta novela. También su estilo literario es en sí mismo un desafío: los hermanos Marcos arman la historia entrelazando las cartas que sucesivamente se van enviando los dos personajes. No es que la literatura epistolar sea algo nuevo, se trata de que hace tiempo que dejó de ser cultivada por el "mainstream" literario; y precisamente por eso, por ser una historia contada en cartas en pleno siglo XXI, es que representa todo un desafío. Desafío que, a mi ver, es planteado tanto al mundo literario como a cada uno de los lectores, como diciendo "atrevete a leer una novela epistolar, dejarte atrapar por su trama y divertirte en el viaje". Tengo que decir que ellos lo hacen muy bien. "Tienen espalda" como dice Leonardo Oyola en la contraportada. Hay que tenerla para escribir una novela epistolar en el siglo XXI y que sea entretenida, amena, atrapante y con un ritmo febril.

Carlos y José María Marcos

Los personajes están perfilados psicológicamente de tal manera que es inevitable que surjan peleas y desacuerdos entre ellos. Y he aquí una de las cosas que más he disfrutado de la obra: hay un constante cruce de espadas entre Orbañeja y Figueras. A veces gana el primero, a veces el segundo, a veces hay un empate técnico, pero siempre es maravillosamente divertido presenciar esos duelos. No pocas sonrisas me han sacado algunas respuestas del salmantino y del porteño.

Otro encantador atractivo de la novela es que por sus páginas aparecen viejos libreros de usado de Buenos Aires atrincherados en sus librerías -que más de un porteño seguramente reconocerá-, prestigiosos profesores salmantinos -que también serán reconocidos por sus coterráneos-, típicos bares de la noche española y toda la taumaturgia que ha rodeado siempre a Salamanca desde sus primeros días.

A su vez, y con esto termino, "Muerde Muertos" es, a su manera, un homenaje a los libros. Diría que a todos. A los que nos han entretenido. A los que nos han echo llorar. A los que nos han echo reir. A los viejos y a los que vendrán. A los de terror y a los de aventuras. El amor a la literatura trasunta cada página de la obra y es algo que nos recuerda constantemente la pasión, el calor y la contención que podemos encontrar en un libro. Quienes se hayan sentido así alguna vez, saben a que me refiero. Quienes alguna vez hayan "extrañado" a los personajes de una novela luego de haberla terminado, saben a que me refiero.

Con un toque de erotismo y algunos personajes secundarios muy pintorescos, "Muerde Muertos" es una novela que sorprende a cada paso y que no defraudará al más apasionado de los lectores.

miércoles, 11 de julio de 2012

Inmaculadas

¡Qué no se ha dicho ya de las famosas "mixtorietas" de Carlos Marcos! Que son esto, que son lo otro, que "no es una novela, pero de a ratos lo es, [...] [que] no es una historieta pero a veces se le parece" (link a esa reseña), que "es una obra extraña en un formato tradicional" (link a esa reseña), que "cada inmaculada es un discurso poético interior que indaga sobre su naturaleza y sobre la naturaleza del otro, su amante, su hombre, su amor" (línk a esa reseña), que "viene a terminar con los horóscopos extranjeros" (link a esa reseña), que "tiene mucho de experimental" (link a esa reseña), que "propone un viaje delirante" (link a esa reseña), etcétera, etc.

Y aunque pareciera que poco se podría agregar a tan pródiga caterva de apreciaciones... en TDM somos argentinos, y como tales, ¡nunca dejamos de dar nuestra opinión! -¡y aunque nadie nos la pida!-.


Para empezar, hay que decir que la prosa de Marcos siempre tuvo un tinte poético, y en esta obra se confirma esa aseveración, mas por su antípoda. Porque aquí la poesía del autor navega con familiaridad en aguas prosaicas.

No son exactamente historietas, porque no hay una trama por la que unos personajes avancen. Son más bien reflexiones existenciales en tono poético que cada una de esas mujeres "inmaculadas" pintadas por Marcos hace sobre algún momento/recuerdo/sensación/idea/emoción/pasión vivida. La disposición fragmentaria de los dibujos en un comienzo, cuadro por cuadro, hasta llegar a la composición global sobre el final, le dan esa remembranza (nostalgia para mi) a las historietas de nuestra infancia.

Alguna polémica han suscitado los dibujos por la naturaleza mutante de ciertas Inmaculadas, atrofiada de otras, mutilada de aquellas de más allá y masoquista de éstas de más aquí. Diré que es cierto que las ilustraciones pueden herir algunas sensibilidades. Es que Marcos no es para todos. Hay que reconocer esto de entrada. Y no lo digo como algo disvalioso. Por el contrario, suele ser un mérito para el artista. En cuanto a mí, las aprecié con mirada poética y más alegórica que literal (y en esto me tiene sin cuidado si esa fue o no la intención del autor; los lectores somos libres de interpretar su obra como más nos plazca).
Sobre el final, alguna contrariedad puede provocarnos a los que somos religiosos, pero como el mismo Marcos dice a través de su última Inmaculada:

"Las personas se equivocan conmigo...
creo en Dios más que en otras cosas...
El ateísmo es un lujo de gente satisfecha,
bien alimentada y que siente algún
cosquilleo entre las piernas..."

De todo el libro, diría que mi preferida es la mixtorieta Nº 21... si no fuese por la solapa. No me pareció necesario consultar a la editorial sobre si ese texto fue escrito por algún editor -como es costumbre- o por el autor de las Inmaculadas. Apenas lo leí me quedó clarísimo que la pluma que lo redactó es la del mismísimo Carlos Marcos. Exuda Marcos por todos los poros; en cada frase, en cada figura, en cada imagen. Mana con fluidez su trova satírica e ingeniosa para describir a su propia persona: 

"Bibliotecaro, archivista, bibliómano amateur, escribiente y leedor..."

nos dice de sí mismo con un espíritu lúdico que pocos tienen y muchos anhelamos;

"Obediente Señor de los Veinticuatro Paraguas, Embajador Plenipotenciario de las Ínsulas de Cervantes, Visitante Notable del Departamento de Caaguazú, Mariscal de Paellas y Afines..."

mezclando con encanto sus muy ciertos antecedentes con sus muy ciertas fantasías;

"Dignatario Dignísimo de la Digitopuntura, Monarca de Noé, Primer Chambelán en Camisetas, Gran Maestre de Nivel Insospechado, Prudente Príncipe de Pruritos, Vasallo Orbital du Cull-de-Sac, Casto Monarca de Parches y Remiendos y Dulce Apóstol del Unsinnswort..."

haciendo gala del arte de enumerar con gracia y fina retórica, al que tanta afición tiene.

Es tan genial el texto de la solapa que bien puede valer, para quien quiera acercarse a la obra de este autor, como una gota, como una "muestra gratis", de la ambrosía que es el arte de Carlos Marcos.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Poema al Pedo

Un lindo poema que nos encontramos web-eando por internet:

Me dijeron que mis versos
Eran buenos como pocos,
Que te sacan de lo tenso...
Y pensé que pa' seguír
Con un tema algo escabroso
Me tengo que distinguir.
Hablaré entonces del pedo
Pero no del viento fiero,
Es el pedo del festín.
Pedo triste o que te alegra,
Que te hace poner bien perra...
Más puta que una perdíz!
Cachondeás con el que venga;
Si es gordito: pito chico!
Si es delgado: larga verga...
Te reís de lo pensado!!
Ése es feo, buscá a otro...
"Querés q te invite un trago"
Flaco puto!- le gritaste
Y tambaleando al compás
Madonna y cumbia bailaste.
Ese pedo te emociona,
Te hace decir "qué buen tema"
Y recordás con gran pena.
La nostalgia de aquellos años...
Te sentís cual grandulona
Y te gritan "Vieja, escabio!!!"
Los mirás con cara de ano
Hijo 'e puta, pensás sola:
Pendejo, guacho y culiado!
Así te vas, desahogada,
Medio en pedo, ya es de día
¿No da pa' un Tía María?
Vamos gente, desparpajo:
Coman, beban y hagan lío...
Hoy hagan feliz al tajo!!!!

de La Espera que Respiro


miércoles, 4 de enero de 2012

Miradas subjetivas

La opinión
de Ramón de Campoamor










Pobre Carolina mía!
¡Nunca la podré olvidar!
Ved lo que el mundo decía
viendo el féretro pasar:
Un clérigo. Empiece el canto.
El doctor. ¡Cesó el sufrir!
El padre. ¡Me ahoga el llanto!
La madre. ¡Quiero morir!
Un muchacho. ¡Qué adornada!
Un joven. ¡Era muy bella!
Una moza. ¡Desgraciada!
Una vieja. ¡Feliz ella!
—¡Duerme en paz!—dicen los buenos.
—¡Adiós!—dicen los demás.
Un filósofo. ¡Uno menos!
Un poeta. ¡Un ángel más!


domingo, 6 de noviembre de 2011

Literatura y sentido del humor

Hoy me encontré por internet con un artículo del escritor catalán Kiko Amat que tiene por base una idea que en este "Bloc" (Feinmann dixit) es alfa y omega: el sentido del humor, y muy especialmente el sentido del humor sobre uno mismo, es una cualidad que enriquece la vida del homo sapiens. La tesis central de Amat es que las obras más grandes de la literatura son obras humorísticas.
El artículo se publicó en "La Vanguardia" el 12/01/2011 y llevó por título "Literatura de risa". Es un texto muy largo para un post, por lo que debajo les copio las partes que más me han interesado (las supresiones se señalan con puntos suspensivos entre corchetes).

P.D.: Lo único que no me gustó es que el estilo del artículo tiene una impronta muy agresiva con los que piensan distinto. Le falta, además, aquello que predica: sentido del humor. Pero su idea no deja de parecerme muy atractiva.

Hace poco estaba yo en el ascensor de mi bloque, simulando ser una persona como las demás y entablando conversación pueril con una vecina (trato de evitar que los convecinos me visualicen como al escritor loco de 'El resplandor', hacha en ristre camino de sus aposentos), cuando esa cháchara inane declinó hacia el tema de las guarderías. Mi hijo ha entrado, el suyo no, bla-bla, proyecto pedagógico, bli-blu (¿Dios, podrá morirse uno de aburrimiento?), y de repente mi boca –sin consultar antes con mi cerebro– tuvo a bien espetarle a la vecina: “En la guardería pública que queríamos, uno sólo entra si el niño es celíaco, disléxico, leproso y tuberculoso. Así que estamos pensando en mutilar al nuestro”. Mi vecina, al escuchar esto, se quedó lívida, la tez cenicienta y la boca hecha parking, y sólo alcanzó a balbucear un “pero... pero... pero... mutilar, no, hombre”, mientras un extremo de su labio superior traqueteaba como un toldo de caravana al viento. Y sólo respiró aliviada cuando yo, igualmente boquiabierto, caí en que la mujer no había reparado en el acento humorístico y le espeté: “Es broma, señora”.

Y entonces, la lacerante verdad de lo que había sucedido impactó en mi frente con la fuerza de cien menhires. Porque uno da por hecho la existencia del sentido del humor, pero lo cierto es que mucha gente carece de él. [...]

Humor 4 - Terror 0

Porque, de hecho, el humor es lo contrario del Mal: el humor es el antídoto contra el horror, la ignorancia y la barbarie. Nada desactiva en mayor medida al maligno que la risa en su cara. Porque la risa, señores, tiene poder, y disculpen si me pongo rumbero. El humor es un arma, y por ello tantos literatos y satiristas lo han utilizado en su obra. Asimismo, nada les interesa más a los 'serios de la pipa' (como los llamaba Francisco Casavella) que arrancar el humorismo a los clásicos: la Alta Literatura se cimenta en gravedad, reverencia y estatuesca circunspección. Para ellos, el humor es una bobada insustancial, una necedad antiartística, un chascarrillo de taberna: el verdadero arte es trágico, solemne, épico, o simplemente no es. Traten de entenderles: si empezaran a admitir que Shakespeare es esencialmente un escritor humorístico (hay que tomar incluso Hamlet como un sainete irónico, grotescamente excesivo) o que Kafka era uno de los mayores autores cómicos del siglo XX, ¿quién sabe qué tendrían que terminar admitiendo? ¿Que el humor es, de hecho, pieza angular de la literatura más importante desde el 1605? No, como argumentaba Casavella, a los 'serios de la pipa' les interesaba convertir a Kafka en “una especie de pseudomístico amargado, es decir, en ellos mismos”. El humor no conviene. El humor no interesa. Los grandes escritores no son humorísticos y, en caso de serlo, es esencial lobotomizar su lectura para extirpar cualquier asomo de humor. La visión de la Alta Cultura es una visión franciscana: reír es de lelos, reír deforma las facciones, reír no es santo.

Pero un rápido vistazo a los cúlmenes de la palabra escrita nos demuestra lo contrario: son humorísticos Quevedo, Cervantes, Larra, toda la picaresca, los satíricos ingleses o americanos (Defoe, Swift, Twain...), Lewis Carroll, Oscar Wilde... De hecho, si uno excava en los cimientos de la literatura británica, cae en la cuenta de que todos los autores clásicos comparten un poso de ironía y sátira; incluso aquellos que se ha intentado sepultar en el Mausoleo de Autores Severísimos: Samuel Pepys, Horace Walpole, Coleridge, Samuel Butler... Pero admitir esto sería, ya dijimos, fatal. Por ello, en el canon literario, las obras que hacen reír y divierten son consideradas menores, y los tochos son los Libros de Veras. Por ello 'Decadencia y caída', de Evelyn Waugh, se toma como una obra inferior a 'Retorno a Brideshead', pese a que la primera es una obra maestra de la causticidad y el humor fatalista, y la segunda una plúmbea saga de nobles abufandados con dudas. Por ello Martin Amis, esa alma en pena encadenada a la búsqueda del reconocimiento académico, no descansó hasta abandonar por completo el humor tierno de 'El diario de Rachel' o la risa asilvestrada de 'Dinero', y no se le consideró un autor importante hasta que empezó a firmar libros que versaban sobre Stalin, el holocausto, o vaya usted a saber qué nuevo tema cenizo.

[...]

Los tontos que ríen
Los tontos no ríen. Se trata, de hecho, de todo lo contrario: el humor es el más definitorio signo de una inteligencia cristalina, de una clarividencia intensamente humana, de una palpable ausencia de miedo. La risa salta por encima del terror, domeña la angustia, nos eleva, nos blinda y a la vez nos hace cercanos. La risa es uno de los mejores vehículos de la empatía; el humor, la más certera manera de efectuar protesta, o comentario político, de transmitir un mensaje profundo, de hacerlo memorable y arrancarle de cuajo la gravedad académica, la corrección política, el nihilismo. [...]

A la sazón, uno de los mayores elogios que, en el Reino Unido y Norteamérica, pueden dedicársele a una novela es 'funny'. Cuando un libro es 'sad and funny' es que ya ha alcanzado el morrocotudo cenit: triste y divertido, como la vida misma. Aquí no: en nuestro país se pretende que únicamente lo gravoso y tupido es la esencia de la vida, que el que se atreve a reír es una acémila que no ha entendido nada de cómo funciona en realidad el mundo, y que el auténtico arte es el que se expone con esa cara de tener a alguien bailando jotas sobre nuestro juanete. [...] Según los marmóreos especialistas de la vieja guardia, los autores que hacen reír son poco más que payasos tirapedos, productores insignificantes de literatura de WC y que, encima, se permiten tener fans que no sólo no son otros literatos, sino gente normal como usted, yo y la vecina del quinto (no la mía; es un decir).

[...]

jueves, 20 de octubre de 2011

La pesada carga de Sancho

En la misma línea que Lacan con su famosa conferencia "La significación del falo", nos hemos ocupado hace poco de "La importancia del culo".
En esta oportunidad ahondaremos en la literatura escatológica de la mano de un grande. ¡Que digo!, ¡¡¡de un grande entre los grandes!!!: Señoras y Señores, con Uds. ... ¡¡¡Miguel de Cervantes!!!:

[Don Quijote y Sancho se habían internado en las Sierras. Llegan a un bosque espeso cuando los agarra la noche. Era noche de luna nueva, por lo que quedaron totalmente a oscuras. Se desató un viento enérgico que zarandeaba las copas de los árboles y que con sus silbidos sembró el temor en el corazón del escudero. De pronto escucharon un estruendo que les heló la sangre; y a poco "oyeron que daban unos golpes a compás, con un cierto crujir de hierros y cadenas". Don Quijote quiere ir a ver de qué se trata, pero Sancho, muerto de pavor, ató los pies de Rocinante sin que su amo se diese cuenta. Al ver que su jamelgo no avanzaba Don Quijote decidió quedarse en ese sitio a esperar el alba]

"En esto, parece ser o que el frío de la mañana que ya venía o que Sancho hubiese cenado algunas cosas lenitivas [laxantes], o que fuese cosa natural -que es lo que más se debe creer-, a él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él; mas era tanto el miedo que había entrado en su corazón, que no osaba apartarse un negro de uña de su amo. Pues pensar de no hacer lo que tenía gana tampoco era posible; y, así, lo que hizo, por bien de paz, fue soltar la mano derecha, que tenía asida al arzón trasero, con la cual bonitamente y sin rumor alguno se soltó la lazada corrediza con que los calzones se sostenían sin ayuda de otra alguna, y, en quitándosela, dieron luego abajo y se le quedaron como grillos [grilletes]; tras esto, alzó la camisa lo mejor que pudo y echó al aire entrambas posaderas, que no eran muy pequeñas. Hecho esto, que él pensó que era lo más que tenía que hacer para salir de aquel terrible aprieto y angustia, le sobrevino otra mayor, que fue que le pareció que no podía mudarse sin hacer estrépito y ruido, y comenzó a apretar los dientes y a enconger los hombros, recogiendo en sí el aliento todo cuanto podía; pero, con todas esas diligencias, fue tan desdichado que al cabo al cabo vino a hacer un poco de ruido, bien diferente de aquél que a él le ponía tanto miedo. Oyólo Don Quijote y dijo:
-¿Qué rumor es ése, Sancho?
-No sé, señor -respondió él-. Alguna cosa nueva debe ser, que las aventuras y desventuras nunca comienzan por poco.
Tornó otra vez a probar ventura, y sucediole tan bien, que sin más ruido ni alboroto que el pasado se halló libre de la carga que tanta pesadumbre le había dado. Mas como don Quijote tenía el sentido del olfato tan vivo como el de los oídos y Sancho estaba tan junto y cosido con él, que casi por línea recta subían los vapores hacia arriba, no se pudo excusar de que algunos no llegasen a sus narices; y apenas hubieron llegado, cuando él fue al socorro, apretándolas entre los dedos, y con tono algo gangoso dijo:
-Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo.
-Sí tengo -respondió Sancho-, mas ¿en qué lo echa de ver vuestra merced ahora más que nunca?
-En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar -respondió don Quijote".

[del capítulo XX de la Primera Parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha]

miércoles, 31 de agosto de 2011

"Ingrávido"


Catalogados por su editor como "delirantes", los siete cuentos que componen "Ingrávido", de Fernando Figueras son como un soplo de aire fresco en la infesta literatura argentina. Leerlos es disfrutarlos; es volver a encontrarse con las historias mágicas que nos atraparon en la juventud; es volver a reírse al compás de las palabras impresas; es volver a encariñarse con un personaje y es volver a tener ganas de seguir leyendo.
Y no se piense que por "fantásticos" los cuentos de Figueras están desconectados de la realidad; por el contrario, abordan cuestiones cotidianas con la frescura de un niño o un loco, y con esa perspectiva original y libre de prejuicios las desnudan descarnadamente. Por ejemplo, cuando se ocupa de un lugar común del romanticismo como es el juramento matrimonial, él escribe:

"Ya he dicho que me casé con Tatiana por amor, pero para nosotros 'Sí, acepto' fue una frase asesina, pronunciada con la inocencia del que aprieta un botón que libera un gas letal creyendo que es el timbre de un salón de fiestas." (p. 104)

O cuando describe a un personaje de esta manera:

"Federico era un músico del montón. Ni tan bueno como para llenar un bar ni tan malo como para llenar un estadio, de modo que nunca llenaba nada, y mucho menos sus bolsillos" (p. 45)

O cuando cuenta que el Intendente

"[t]enía un ayudante [Franzetti], una especie de asesor creativo. Un tipo neutral. Proponía cosas, pero nunca se jugaba por ninguna. Te mostraba el arco iris pero no prefería ni el verde ni el rojo ni ningún otro color. Un ejemplar moderno, amplio y pluralista." (p. 49)

¡Cuantos Franzettis que conocemos! ¡Y lo orgullosos que están de serlo! En ese cuento ("Esquinas") Figueras los disecciona y muestra en su máxima plenitud.

He disfrutado mucho como Figueras toma cosas cotidianas y las pone en una perspectiva nueva y asombrosa. Por ejemplo, las empanadas de queso, que siempre chorrean el queso al cocinarlas (en el cuento "Secreto profesional"). O el problema de los "limpiavidrios" que de prepo lavan los parabrisas de los coches en las esquinas cuando los detiene el semáforo (en el cuento "Esquinas"). Figueras le da a este asunto una vuelta de tuerca que nos hace ver la cuestión como si fuese la primera vez que lo hacemos. ¿Qué pasaría si todo aquel que necesita trabajo se pusiese en una esquina a brindar un servicio "de prepo"?
Y en medio de esa sinfonía literaria tan rica en ocurrencias Figueras nos deleita también con una sagaz mirada crítica sobre algunas características decadentes de nuestra época. Como la corrupción, deshonestidad y cinismo de los políticos (en "Esquinas"), las estultas costumbres de flirteo en las discotecas (en "Una de diez"), o el generalizado vicio del consumismo (en "Imperativas").
Su estilo es muy ameno y directo. Tan directo que a veces no le hacen falta mas que unas pocas palabras para describir un rostro complejo:

"El detective no era feo. Era imposible. Su cara parecía el resultado de un identikit hecho por un ciego." (p. 20)

El último cuento, "Ingrávido", que da título a la obra, es IM-PER-DI-BLE. Un genial relato de cómo nuestras obsesiones nos pueden volver ciegos aun frente a realidades que tenemos delante de los ojos.
Celebramos, pues, el acierto de la editora Muerde Muertos por haber sacado a la luz este libro que recomendamos a todos nuestros lectores.

martes, 3 de mayo de 2011

"Los fantasmas siempre tienen hambre"


Con los fantasmas pasa lo que con la radiación, nadie la ve pero todos le temen. En TDM, como se imaginarán, creemos en los espectros. Sabíamos que por la noche recorren los pasillos de las casas desoladas, que gritan horrorosos gemidos y que usan sábanas blancas que se robaron del tender. ¡Y ahora nos desayunamos que además "siempre tienen hambre"! Así nos instruye José María Marcos en el libro de cuentos que recién terminamos de leer y cuyo título da nombre a este post (Muerde Muertos, Buenos Aires, 2010).
A lo largo de once cuentos los fantasmas de Marcos nos asustan, nos entretienen y a veces hasta nos sacan una sonrisa. Porque el autor cultiva no solo el género de terror, sino también el de la comedia negra.
Es más, diría que incluso en los cuentos propiamente de terror -para el que sepa leer entre líneas- suele haber alguna reflexión donosa puesta como de paso, como si se hubiese caído del bolsillo del autor sin que éste se diese cuenta. Por ejemplo, en el cuento "La muerte de Rocky", que trata sobre el espanto que causa en un hombre la historia de un niño que torturaba y asesinaba a sus víctimas luego de robarles, cuando el hijo del personaje en cuestión le pregunta por qué a la gente la ponen en un cajón cuando se muere, él contesta: "Porque es la manera de llegar al cielo. Es como tomarse un colectivo, pero con boleto de ida". ¡Que gracia! ¡que gracejo tan delicioso en medio de esa historia espeluznante! También el final del cuento (que no quiero aquí revelar para no arruinarles el suspenso) admite una lectura satírica, además de la horrorosa. La sátira funcionaría allí como censura ingeniosa o burla mordaz de la creencia en la vida después de la muerte.
Hay una idea recurrente en las historias de Marcos que me ha llamado la atención: la noción de que en el cosmos hay ciertos roles macabros y que cuando la persona que los ejecuta muere, otra, que de alguna manera estaba conectada con la anterior, se ve impelida ineludíblemente, trágicamente, a ocupar ese rol. Eso sucede, por ejemplo, en los cuentos "Ceguera" y en "Un ángel de la guarda"; además de en su anterior novela "Recuerdos parásitos" (en coautoría con Carlos Marcos).
No quiero terminar este post sin contarles que mi cuento preferido es uno de los de comedia negra: "Resaca", una jocosa mirada al mundo de los aliens y las invasiones extraterrestres.
En suma, disfrute mucho leyendo "Los fantasmas siempre tienen hambre"; el único problema es que... ¡ahora tengo que dormir con la luz prendida!

viernes, 15 de abril de 2011

Borges y la noticia de su muerte

Hoy les traigo otra anécdota divertida de nuestro cieguito preferido. La robé... digo, la tomé prestada de El otro Borges. Anecdotario completo (Mario Paoletti -recopilador-, Emece, Buenos Aires, 2010). Cuenta Ulises Petit de Murat:

Primero en diarios franceses y luego en el New York Times, se publicó la noticia de que Borges había muerto. Eso causó un cierto revuelo. Apenas pude, me puse en contacto con él y le expresé mi desagrado por la noticia apócrifa de su muerte. "Apócrifa no -me corrigió él-; sólo prematura".

lunes, 10 de enero de 2011

Silogismos

Emece acaba de editar un libro muy entretenido: El otro Borges - Anecdotario completo. Divertidas y agudas algunas, tristongas y melancólicas otras, las anécdotas compiladas por Mario Paoletti son un aporte original y maravilloso al mundo literario borgiano.
Hoy les traigo una muy divertida que encontré allí:
Una noche, a la salida de una cantina próxima al Mercado de Abasto que por entonces frecuentaban Xul Solar, Mastronardi y otros conspicuos componentes de la "escuadrilla de la aurora", salieron vociferando. Un vigilante reclamó silencio, invocando el sueño de la gente. Néstor Ibarra inició entonces una alambicada discución con el agente, que fue poniendose ruda hasta que Borges la cortó con un irrefutable:
-¿Silogismos con la policía, Ibarra?
(Contada por Ulises Petit de Murat)

martes, 3 de agosto de 2010

Matando el tiempo

La autobiografía de mi epistemólogo preferido, Paul Feyerabend, tiene algunos pasajes dignos de este blog. Por lo bizarros, por lo humorísticos, porque se ríe de si mismo; cualidades que es rarísimo encontrar en un filósofo. Ya desde su título Feyerabend nos propone una perspectiva lúdica y descontracturada de la vida: "Matando el tiempo".

"Mi padre tenía dos hermanos y hermanas. El tío Kaspar era un caballero calvo de llamativos mostachos y un dedo índice amputado. Tenía firmes convicciones sobre casi todo. 'La disciplina es buena para el ama', decía al tiempo que me propinaba un pescozón. A los 65 años se casó con una muchacha de 20, y a los 66 se divorciaron. La tía Julie era una solterona adusta y de voz chillona. Intentó casarse, pero renunció cuando uno de sus pretendientes desapareció con sus ahorros. Se ocupó de llevar nuestra casa durante la guerra, despúes de la muerte de mi madre. Cuando se fue, salieron con ella la cubertería de plata, la vajilla, el dinero, el azúcar, la mantequilla y la harina (un bien escaso en tiempo de guerra).

"La tía Agnes estaba casada con un jefe de estación de Carintia. Les hicimos una visita cuando yo tenía 5 ó 6 años. Recuerdo las máquinas agrícolas de llamativos colores que estaban descargando, el tren que pasaba a toda velocidad por la tarde, el restaurante y el gallinero que había detrás de la estación. Pasé el tiempo subiendo y bajando por las colinas que flanqueaban la vía, y todavía conservo las cicatrices de las heridas que me hice al caer por un barranco. De vez en cuando entraba en el gallinero, cerraba la puerta y hablaba a los reclusos: una preparación excelente para mi trabajo posterior [profesor universitario]."

Sobre su padre recuerda: "Después de la muerte de mi madre, llevó la casa mientras yo estudiaba en la universidad. Cortejó a diversas damas, algunas de ellas casadas. Las visitaba en sus casas o las llevaba a actos instructivos: conferencias, manifestaciones, proyecciones de películas. Finalmnte insertó un anuncio en un periódico: 'Funcionario, jubilado pero bien cnservado, intereses intelectuales, busca mujer madura y sensible - matromonio no exluido'. Llegaron ochenta respuestas. Yo se las ordenaba de acuerdo con la edad, los ingresos y el estilo, y él salía en busca de su destino dos o tres veces por semana. Regresaba bien alimentado, embriagado por los vinos que las señoras había guardado durante la guerra, y aburrido como una ostra. Terminó con una mujer amable pero irascible y se mudó a vivir con ella a Bad Ischl".

lunes, 17 de mayo de 2010

El movil de Hansel y Gretel

Escrito por Hernán Casciari

Anoche le contaba a la Nina un cuento infantil muy famoso, el Hansel y Gretel de los hermanos Grimm. En el momento más tenebroso de la aventura los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer. Mi hija me dice, justo en ese punto de clímax narrativo: “No importa. Que lo llamen al papá por el móvil”.

Yo entonces pensé, por primera vez, que mi hija no tiene una noción de la vida ajena a la telefonía inalámbrica. Y al mismo tiempo descubrí qué espantosa resultaría la literatura —toda ella, en general— si el teléfono móvil hubiera existido siempre, como cree mi hija de cuatro años. Cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer, y sobre todo qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción.

Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica, en cualquiera que se le ocurra. Desde la Odisea hasta Pinocho, pasando por El viejo y el mar, Macbeth, El hombre de la esquina rosada o La familia de Pascual Duarte. No importa si el argumento es elevado o popular, no importa la época ni la geografía.

Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica que conozca al dedillo, con introducción, con nudo y con desenlace.

¿Ya está?

Muy bien. Ahora ponga un teléfono móvil en el bolsillo del protagonista. No un viejo aparato negro empotrado en una pared, sino un teléfono como los que existen hoy: con cobertura, con conexión a correo electrónico y chat, con saldo para enviar mensajes de texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales cuatribanda.

¿Qué pasa con la historia elegida? ¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse desde cualquier sitio, ahora que tienen la opción de chatear, generar videoconferencias y enviarse mensajes de texto? ¿Verdad que no funciona un carajo?

La Nina, sin darse cuenta, me abrió anoche la puerta a una teoría espeluznante: la telefonía inalámbrica va a hacer añicos las nuevas historias que narremos, las convertirá en anécdotas tecnológicas de calidad menor.

Con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no espera con incertidumbre a que el guerrero Ulises regrese del combate.

Con un móvil en la canasta, Caperucita alerta a la abuela a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria.

Con telefonito, el Coronel sí tiene quién le escriba algún mensaje, aunque fuese spam.

Y Tom Sawyer no se pierde en el Mississippi, gracias al servicio de localización de personas de Telefónica.

Y el chanchito de la casa de madera le avisa a su hermano que el lobo está yendo para allí.

Y Gepetto recibe una alerta de la escuela, avisando que Pinocho no llegó por la mañana.

Un enorme porcentaje de las historias escritas (o cantadas, o representadas) en los veinte siglos que anteceden al actual, han tenido como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la incomunicación. Han podido existir gracias a la ausencia de telefonía móvil.


Ninguna historia de amor, por ejemplo, habría sido trágica o complicada, si los amantes esquivos hubieran tenido un teléfono en el bolsillo de la camisa. La historia romántica por excelencia (Romeo y Julieta, de Shakespeare) basa toda su tensión dramática final en una incomunicación fortuita: la amante finge un suicidio, el enamorado la cree muerta y se mata, y entonces ella, al despertar, se suicida de verdad. (Perdón por el espoiler.)

Si Julieta hubiese tenido teléfono móvil, le habría escrito un mensajito de texto a Romeo en el capítulo seis:

M HGO LA MUERTA,
PERO NO STOY MUERTA.
NO T PRCUPES NI
HGAS IDIOTCES. BSO.

Y todo el grandísimo problemón dramático de los capítulos siguientes se habría evaporado. Las últimas cuarenta páginas de la obra no tendrían gollete, no se hubieran escrito nunca, si en la Verona del siglo catorce hubiera existido la promoción “Banda ancha móvil” de Movistar.

Muchas obras importantes, además, habrían tenido que cambiar su nombre por otros más adecuados. La tecnología, por ejemplo, habría desterrado por completo la soledad en Aracataca y entonces la novela de García Márquez se llamaría ’Cien años sin conexión’: narraría las aventuras de una familia en donde todos tienen el mismo nick (buendia23, a.buendia, aureliano_goodmornig) pero a nadie le funciona el messenger.

La famosa novela de James M. Cain —’El cartero llama dos veces’— escrita en 1934 y llevada más tarde al cine, se llamaría ’El gmail me duplica los correos entrantes’ y versaría sobre un marido cornudo que descubre (leyendo el historial de chat de su esposa) el romance de la joven adúltera con un forastero de malvivir.

Samuel Beckett habría tenido que cambiar el nombre de su famosa tragicomedia en dos actos por un título más acorde a los avances técnicos. Por ejemplo, ’Godot tiene el teléfono apagado o está fuera del área de cobertura’, la historia de dos hombres que esperan, en un páramo, la llegada de un tercero que no aparece nunca o que se quedó sin saldo.

En la obra ’El jotapegé de Dorian Grey’, Oscar Wilde contaría la historia de un joven que se mantiene siempre lozano y sin arrugas, en virtud a un pacto con Adobe Photoshop, mientras que en la carpetaImages de su teléfono una foto de su rostro se pixela sin remedio, paulatinamente, hasta perder definición.

La bruja del clásico ’Blancanieves’ no consultaría todas las noches al espejo sobre “quién es la mujer más bella del mundo”, porque el coste por llamada del oráculo sería de 1,90€ la conexión y 0,60€ el minuto; se contentaría con preguntarlo una o dos veces al mes. Y al final se cansaría.

También nosotros nos cansaríamos, nos aburriríamos, con estas historias de solución automática. Todas las intrigas, los secretos y los destiempos de la literatura (los grandes obstáculos que siempre generaron las grandes tramas) fracasarían en la era de la telefonía móvil y del wifi.

Todo ese maravilloso cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por la ciudad, a contra reloj, porque su amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con un SMS de cuatro líneas.

Ya no hay ese apuro cursi, ese remordimiento, aquella explicación que nunca llega; no hay que detener a los aviones ni cruzar los mares. No hay que dejar bolitas de pan en el bosque para recordar el camino de regreso a casa.

La telefonía inalámbrica —vino a decirme anoche la Nina, sin querer— nos va a entorpecer las historias que contemos de ahora en adelante. Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más predecibles.

Y me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real, no estaremos privándonos de aventuras novelescas por culpa de la conexión permanente? ¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora?

No. Le enviaremos un mensaje de texto lastimoso, un mensaje breve desde el sofá. Cuatro líneas con mayúsculas. Quizá le haremos una llamada perdida, y cruzaremos los dedos para que ella, la mujer amada, no tenga su telefonito en modo vibrador. ¿Para qué hacer el esfuerzo de vivir al borde de la aventura, si algo siempre nos va a interrumpir la incertidumbre? Una llamada a tiempo, un mensaje binario, una alarma.

Nuestro cielo ya está infectado de señales y secretos: cuidado que el duque está yendo allí para matarte, ojo que la manzana está envenenada, no vuelvo esta noche a casa porque he bebido, si le das un beso a la muchacha se despierta y te ama. Papá, ven a buscarnos que unos pájaros se han comido las migas de pan.

Nuestras tramas están perdiendo el brillo —las escritas, las vividas, incluso las imaginadas— porque nos hemos convertido en héroes perezosos. 

Fuente: Orsai