martes, 17 de febrero de 2015
50 Sombras de Grey - La "Review" de TDM!
No solemos comentar películas aquí; más bien nos burlamos de ellas. Pero cuando fui a ver ésta me pasó algo que quiero compartir con Uds., fieles lectores (1 amigo, 2 sobrinos, 1 ex novia y Dios -que vale por 3) (mamá no cuenta).
Como todos saben (bueno... Uds. 7) mi territorio es la palabra. Y en particular la palabra como narración. Veo estructuras narrativas detrás de todo; la teoría del Big Bang, la muerte de Nisman, la ley de alquileres, etc. Y todo este fenómeno de que millones de amas de casa de todo el mundo comprasen y disfrutasen una novela cuyo tema central era el sadomasoquismo, me resultaba incomprensible... hasta que lo vi como una narración!
Bastante obvio ¿no?, me dirán; al fin y al cabo se trata de una "novela". Sí, pero es que se ha hablado tanto -y por tantos- del asunto, que ya estaba mareado. Volver a traerlo al ámbito del arte de narrar una historia me aclaró las cosas.
Mi confusión había llegado a este punto: era simplemente incomprensible que el tema del sadomasoquismo fuese tan... como decirlo... agradable, apasionado, emocionante de leer. Sencillamente porque a la mayoría de las personas les produce un rechazo natural eso del dolor.
El dolor es inaceptable en el mundo moderno. El dolor es visto como algo malo. Nadie que se considere abierto de mente, pluralista, culto, solidario está a favor del dolor. Por el contrario, en nuestra cultura la impronta es que estamos en contra del dolor de las guerras y a favor de la paz, en contra del dolor de la mujer que quedó embarazada sin quererlo y a favor de su paz (psicológica, emocional y física), en contra del dolor del travesti mayor de 40 años que no consigue trabajo y a favor de darle por eso una pensión de $ 8.000 por mes.
Tan en contra estamos del dolor, que estamos en contra del dolor que sufren los fumadores: porque fumar les va a producir enfermedades que les van a causar dolor, y todo esto aun cuando ellos mismos no lo sepan.
Que haya algunos pocos a los que les guste y otros pocos que le encuentran un "sentido" (existencial o religioso) al dolor, no cambia esa impronta cultural típica de la modernidad y la postmodernidad.
Y sin embargo...¡"50 sombras de Grey" vendió más de 31 millones de ejemplares en todo el mundo! ¡Y al 99 % de las mujeres que la leen les encanta!
¡¿Quién me explica este fenómeno?!
Primero leí a los que decían que el éxito se debe a que la mayoría de las mujeres tienen fantasías sadomasoquistas en las que desean ser dominadas por la fuerza y sometidas a la sumisión por medio del dolor físico.
Mmmmm... que las mujeres tienen fantasías: sí (obvio, los hombres también las tenemos); que tienen fantasías sadomasoquistas; solo algunas supongo; que se exitan con la fantasía de ser sometidas mediante el dolor físico: no creo (puede que unas pocas sí, pero no las millones que disfrutaron con la novela)
Después leí a los que decían que el éxito se debe a que ahora las mujeres son más "open mind" y están liberadas sexualmente; entonces se dan el gusto de leer en el colectivo y en el supermercado una novela erótica bien provocadora ya que es sadomasoquista.
Mmmmm... no. No me cierra esta explicación porque hay cientos, ¡miles! de novelas eróticas en las librerías. Pero la que vende millones es "50 Sombras de Grey", no las otras.
Después leí a los sadomasoquistas, que están muy contentos en general porque por fin el mundo les ha dado la razón. El sadomasoquismo es un placer!
Mmmmm... no. Amigos sadomasoquistas, todas estas señoras que leen "50 Sombras de Grey" en el subte los continuarán mirando con asco si les cuentan sus gustos sexuales. ¿Cómo lo se? Porque las conozco y porque precisamente en eso estriba la paradoja del éxito de la narración: en que millones de personas que habitualmente ven con aversión al sadomasoquismo leen y disfrutan de una novela sadomasoquista.
Ninguna de esas explicaciones me cerraba. Y entonces recordé mi tierra: la palabra como historia, como narración. Y volví al terruño.
Aquí va mi propia explicación sobre la paradoja del éxito de "50 Sombras de Grey":
En una sola frase: el sadomasoquismo es el obstáculo.
Me explayo. Para que una historia de amor sea interesante tiene que haber 4 cosas:
1- Un amante
2- Otro amante (por lo menos, pero puede haber más)
3- El proceso de "enamoramiento" entre ellos; y
4- El OBSTÁCULO que hace imposible la concreción de ese amor.
Si falta alguno de esos elementos, la historia no interesará a nadie. Incluso si hubiesen los 3 primeros, a los únicos que interesará la historia es a los mismos protagonistas (en el caso que fuese un hecho real).
¿Por qué? Porque es el "obstáculo" lo que hace ROMÁNTICA a la historia. Sin "obstáculo" sí existirá una historia de amor, pero no será "romántica".
Todos hemos vivido nuestras propias historias de amor: conocimos a otra persona que nos resultó interesante y atractiva, pegamos onda, salimos, nos enamoramos, nos casamos, tuvimos hijos y fuimos felices. Pero ¿a quién le interesaría leer esooooo? Sería A-BU-RRI-DÍ-SI-MO; excepto, claro, que -como dije- seamos nosotros mismos, o a nuestros hijos o a algún amigo.
Nuestras historias cotidianas en que los hombres y las mujeres nos enamoramos son historias de AMOR, pero, narrativamente, literariamente, no son historias ROMÁNTICAS. ¡Porque no hay "obstáculo"!
En cambio, una historia -real o ficticia- en la que los padres de ella se oponen a que vea a ese chico (porque es el hijo de un enemigo: "Romeo y Julieta"; porque es de otra raza: "¿Adivina quién viene a cenar esta noche?"; etc.), o en la que uno de los dos tenga un diagnóstico terminal ("Tierra de Sombras"), o en la que el hombre es un cura ("Camila"), ¡es una historia maravillosa! ¡atrapante! ¡queremos saber más sobre esos personajes! ¡sufrimos con ellos porque no pueden amarse! ¡Ésas son historias ROMÁNTICAS!
Bien, llegó la hora de concluir, y el punto es este:
A las millones de señoras que leyeron la novela no les molesta para nada el sadomasoquismo que aborrecen, ¡porque el sadomasoquismo es el OBSTÁCULO que hace que la historia sea romántica! Cómo él es sadomasoquista y ella no, su amor es imposible; hay un obstáculo insalvable,¡y eso es re-romántico! ¡Queremos saber que les pasa! ¡¿que harán los amantes?! ¿La historia será una comedia? con final feliz; ¿un drama? con una separación dolorosa al final; ¿una tragedia? con los dos muertos al final.
"50 Sombras de Grey" no vendió millones de ejemplares porque es una historia sadomasoquista; vendió millones de ejemplares ¡porque es una historia RE-ROMÁNTICA!
miércoles, 6 de febrero de 2013
"Beber en rojo", de Alberto Laiseca
La novela (que es una reescritura del Drácula de Bram Stocker) cuenta la historia del encuentro en pleno siglo XXI entre un Jonathan Harker bastante cándido pero reiteradamente inspirado por la Musa, y un Drácula monstruoso pero no abominable. Dividida claramente en tres partes, la primera de ellas relata la llegada del inglés al castillo de Drácula en los Cárpatos; la segunda consiste en un ensayo que Jonathan Harker escribe inspirado por Drácula sobre "La importancia del monstruo en el arte"; y la tercera relata la historia sobre cómo la maldad sólo puede ser redimida por el amor. Un breve epílogo cierra la narración.
Adrede no me he adentrado en el detalle de los hechos para no arruinar al lector el placer de la sorpresa. Y porque lo que más me interesa es, como dije al principio, profundizar sobre lo que esta obra nos aporta para reflexionar sobre el lugar del arte en nuestras vidas.
José María Marcos, en el estudio introductorio a la novela, da una definición sobre la literatura de Laiseca y su "realismo delirante" que destaca por su brillante síntesis y su capacidad para iluminar la comprensión de la obra del "Maestro Lai": La visión laisequiana de la realidad "nos permitiría combinar el pensamiento lógico con la intuición, brindándonos la posibilidad de expandir nuestra realidad mediante un largo camino de aprendizaje" (p. 7). Una lectura detenida de la obra (y más de una vez) permite apreciar esa combinación entre el pensamiento lógico y la intuición; y cómo es posible eso de "expandir nuestra realidad".
El mismo Laiseca explicó, en otra oportunidad, cómo su "realismo delirante" "sirve para distorsionar y producir efectos que amplifican o disminuyen determinadas zonas del pensamiento y del sentir para que las cosas se vean mejor". Eso me recuerda a Juan Bautista Alberdi cuando señalaba que algunas verdades, para que sean comprendidas, deben ser explicadas de forma exagerada.
Desde un punto de vista filosófico, aparece en primer lugar una toma de postura clara por parte de Laiseca: las cosas sólo existen en tanto son "expresadas" (ps. 41 y 61). En la tradición central de occidente ese concepto implica la inseparabilidad de "forma" y "sustancia". Los entes, las cosas que existen, incluídos los seres humanos, tienen una sustancia, algo que los hace ser lo que son, una esencia, pero esa esencia existe sólo de la forma en que se expresa, en que se hace presente en la realidad.
Es en ese horizonte de comprensión que se presenta el ensayo que abarca casi la mitad de la obra: "La importancia del monstruo en el arte". Al utilizar el término "monstruo" Laiseca no se refiere, en rigor, a lo que habitualmente se entiende por "monstruo": una criatura de formas horrorosas o exageradas que causa espanto a quienes la ven o entran en contacto con ella; sino a un ser "único en su especie" (p. 63) (un ser "sui generis" diríamos los abogados).
La capital importancia que Laiseca da a estos seres no radica simplemente en que causen miedo, sino en que nos ayudan -en su exageración y desmarco de nuestra cómoda visión cotidiana de la vida- a percibir la -y perdóneseme la redundancia- la verdadera realidad (aunque sea un poco, aunque sea el comienzo de un largísimo camino que probablemente nunca concluyamos; sea porque no hemos podido seguir adelante con nuestros humildes medios, o porque la parca nos lleve antes de llegar al final). Hay que golpearnos fuerte para que podamos percibir la Realidad detrás del velo de nuestra inclinación hacia dentro de nosotros mismos. Hay que sacarnos de cuadro, tirarnos fuera del marco cotidiano en el que vivimos nuestras vidas sin ver la realidad; mirandola a las apuradas pero no viéndola. Y quien quiera lograr eso a través del arte, sólo puede hacerlo, como se ha dicho, golpéandonos, como una cachetada que se le da a una persona que ha perdido la consciencia o el control de sí mismo. Y los monstruos sirven para eso. Es esa la razón por la cual son tan importantes.
Es cierto que Laiseca juega a lo largo de toda la obra con la ambivalencia que más arriba he advertido sobre la palabra "monstruo", ¡pero es sólo un juego! (o al menos así lo tomé yo). Precisamente, una de las cosas que se destaca en esta novela y otras narraciones del autor, es la presencia del plano lúdico de la vida. Laiseca no deja de jugar, aún cuando esté escribiendo una historia de horror o de aventuras.
Admito que todo lo anterior es sólo "una" interpretación de la obra. Es la que yo he hecho y aquí comento. Ello no descarta, desde luego, que otros lectores hagan una lectura diferente -e igualmente válida- del libro.
No quiero finalizar sin antes agregar unas palabras sobre la tercera parte de la novela. Porque de allí surge una cosmovisión muy importante del autor; y que es la siguiente: aunque el mal tenga una especie de fuerza de gravedad a la que ninguno de nosotros puede sustraerse, hay un acto de nuestra voluntad, y sólo uno, que nos permite evitar caer en ese "lado oscuro", o regresar de él: el amor.
Muchas otras cosas deliciosas tiene esta novela, muchas "joyitas", pero es prudente que me detenga aquí. Para no agobiar al lector y para darle la oportunidad de gozar descubriéndolas por su propia cuenta.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Los precursores olvidados
Hace poco Barriga Negra me prestó un librito muy divertido que acaba de aparecer en las librerías de Buenos Aires; se titula Del Panteón a Buenos Aires y reúne más de una decena de columnas, notas, comentarios y otros opúsculos del genial René Goscinny, querido y mundialmente famoso creador de Asterix y Lucky Lucke, entre muchos otros personajes de historieta.Editado por Libros del Zorzal aquí en Buenos Aires, la obra nos lleva a disfrutar del descollante sentido del humor de Goscinny en formato de prosa.
A modo de perla y homenaje transcribiré para Uds. algunos párrafos de uno esos artículos, intitulado "Los precursores olvidados":
Comemos una cereza y eso nos parece lo más natural del mundo.
¡Y sin embargo...!
Y sin embargo, fue necesario que un día uno de nuestros ancestros se decidiera a probar esa pequeña fruta roja que nadie antes había mordisqueado. Esto sucedió seguramente en la prehistoria: en efecto, ningún manual, ningún experto, dice quién fue el primero en animarse a comer una cereza. [...]
Eso es lo injusto: el manto de olvido que cubre a los precursores de la gastronomía. Se festeja a los pioneros del cine, de la aviación o el teléfono; pero no hay más que indiferencia para los exploradores de la alimentación. Y sin embargo, vamos sólo una vez por semana al cine, tomamos un avión dos veces al año (siempre y cuando algunos sectores del personal no estén en huelga) y, en cuanto al teléfono, no me hagan reír En cambio, comemos dos o tres veces por día, todos los días. ¿Entonces?
Entonces, hay que hacer justicia al coraje de Glonk, hombre de las cavernas que formuló en su pequeño cráneo puntiagudo la siguiente proposición:
"En árbol, pequeña fruta. Pequeña fruta, roja, bonita. Capaz buena para comer también. Yo, probar".
Glonk la probó, y esto tuvo su mérito, puesto que tan sólo el día anterior, su colega Gazunk había intentado averiguar si la cicuta mejoraba el gusto de la ensalada.
Sin Glonk, sin su espíritu de aventura. sin su temeridad loca, la torta de cerezas nunca hubiera sido lo que es hoy día. Piénsenlo, niños.
Y ocurre lo mismo con todo lo que comemos, con todo lo que bebemos.
[...]
[Hablemos] de los hongos. ¡Ah, los hongos...! Fue necesario que alguien corriera menudo riesgo para que nosotros pudiéramos confeccionar esas coloridas láminas; tan útiles , de nuestros diccionarios. El primer tipántropo que tuvo la descabellada idea de morder un hongo debió dar con uno bueno; de otro modo, me juego entero a que hoy comeríamos tantos hongos como trapos de piso al vino blanco. Envalentonado por el feliz ensayo, el tipántropo se dijo: "Si hongo marrón, muy bueno, el bonito de allá, rojo con puntos blancos, ¡aún mejor!".
Después de lo cual, la familia del desdichado héroe pensó; "Hongo marrón, bueno. Hongo rojo con puntos blancos, desconfiar".
Y la noche terminó alegremente, con todos los invitados revolcándose de risa por el suelo y mirando a un piafasaurio devorar al primo micólogo.
Y esto fue sólo un botón de muestra. ¡No se lo pierdan!.
lunes, 29 de octubre de 2012
Rastafaris
domingo, 2 de septiembre de 2012
Muerde Muertos

Orquestada entre Buenos Aires y Salamanca la novela cuenta una historia de suspenso compuesta por dos personajes unidos por una búsqueda imposible. Blaise Orbañeja, achacoso bibliotecario retirado en Argentina y sumido en una penosa subsistencia al borde de la miseria, desea encontrar el misterioso Traité théorique sur l'art du croque morts (Tratado teórico del oficio de muerte muertos en su edición española de 1649), supuestamente escrito por uno de sus antepasados y que contiene un arcano ritual capaz de traer a los finados del otro lado de las aguas del Estigia, entre otras delicias. En España, Jesús Figueras Yrigoyen, veterano periodista argentino radicado en Salamanca, anhela saber qué ha sido de su hermano al que hace varias décadas que se lo da por muerto. Orbañeja chantajea a Figueras: a cambio de la búsqueda del libro en ciertos herméticos grupos salmantinos, él le proporcionará los datos para ubicar el cadáver de su hermano.
A su vez, y con esto termino, "Muerde Muertos" es, a su manera, un homenaje a los libros. Diría que a todos. A los que nos han entretenido. A los que nos han echo llorar. A los que nos han echo reir. A los viejos y a los que vendrán. A los de terror y a los de aventuras. El amor a la literatura trasunta cada página de la obra y es algo que nos recuerda constantemente la pasión, el calor y la contención que podemos encontrar en un libro. Quienes se hayan sentido así alguna vez, saben a que me refiero. Quienes alguna vez hayan "extrañado" a los personajes de una novela luego de haberla terminado, saben a que me refiero.miércoles, 11 de julio de 2012
Inmaculadas
Alguna polémica han suscitado los dibujos por la naturaleza mutante de ciertas Inmaculadas, atrofiada de otras, mutilada de aquellas de más allá y masoquista de éstas de más aquí. Diré que es cierto que las ilustraciones pueden herir algunas sensibilidades. Es que Marcos no es para todos. Hay que reconocer esto de entrada. Y no lo digo como algo disvalioso. Por el contrario, suele ser un mérito para el artista. En cuanto a mí, las aprecié con mirada poética y más alegórica que literal (y en esto me tiene sin cuidado si esa fue o no la intención del autor; los lectores somos libres de interpretar su obra como más nos plazca).miércoles, 1 de febrero de 2012
Poema al Pedo

Que te sacan de lo tenso...
Y pensé que pa' seguír
Con un tema algo escabroso
Me tengo que distinguir.
Pero no del viento fiero,
Es el pedo del festín.
Pedo triste o que te alegra,
Que te hace poner bien perra...
Más puta que una perdíz!
Cachondeás con el que venga;
Si es gordito: pito chico!
Si es delgado: larga verga...
Te reís de lo pensado!!
Ése es feo, buscá a otro...
"Querés q te invite un trago"
Flaco puto!- le gritaste
Y tambaleando al compás
Madonna y cumbia bailaste.
Ese pedo te emociona,
Te hace decir "qué buen tema"
Y recordás con gran pena.
La nostalgia de aquellos años...
Te sentís cual grandulona
Y te gritan "Vieja, escabio!!!"
Los mirás con cara de ano
Hijo 'e puta, pensás sola:
Pendejo, guacho y culiado!
Así te vas, desahogada,
Medio en pedo, ya es de día
¿No da pa' un Tía María?
Vamos gente, desparpajo:
Coman, beban y hagan lío...
Hoy hagan feliz al tajo!!!!
miércoles, 4 de enero de 2012
Miradas subjetivas
Ved lo que el mundo decía
viendo el féretro pasar:
Un clérigo. Empiece el canto.
El doctor. ¡Cesó el sufrir!
El padre. ¡Me ahoga el llanto!
La madre. ¡Quiero morir!
Un muchacho. ¡Qué adornada!
Un joven. ¡Era muy bella!
Una moza. ¡Desgraciada!
Una vieja. ¡Feliz ella!
—¡Duerme en paz!—dicen los buenos.
—¡Adiós!—dicen los demás.
Un filósofo. ¡Uno menos!
Un poeta. ¡Un ángel más!
domingo, 6 de noviembre de 2011
Literatura y sentido del humor

Hace poco estaba yo en el ascensor de mi bloque, simulando ser una persona como las demás y entablando conversación pueril con una vecina (trato de evitar que los convecinos me visualicen como al escritor loco de 'El resplandor', hacha en ristre camino de sus aposentos), cuando esa cháchara inane declinó hacia el tema de las guarderías. Mi hijo ha entrado, el suyo no, bla-bla, proyecto pedagógico, bli-blu (¿Dios, podrá morirse uno de aburrimiento?), y de repente mi boca –sin consultar antes con mi cerebro– tuvo a bien espetarle a la vecina: “En la guardería pública que queríamos, uno sólo entra si el niño es celíaco, disléxico, leproso y tuberculoso. Así que estamos pensando en mutilar al nuestro”. Mi vecina, al escuchar esto, se quedó lívida, la tez cenicienta y la boca hecha parking, y sólo alcanzó a balbucear un “pero... pero... pero... mutilar, no, hombre”, mientras un extremo de su labio superior traqueteaba como un toldo de caravana al viento. Y sólo respiró aliviada cuando yo, igualmente boquiabierto, caí en que la mujer no había reparado en el acento humorístico y le espeté: “Es broma, señora”.
Y entonces, la lacerante verdad de lo que había sucedido impactó en mi frente con la fuerza de cien menhires. Porque uno da por hecho la existencia del sentido del humor, pero lo cierto es que mucha gente carece de él. [...]
Humor 4 - Terror 0
Porque, de hecho, el humor es lo contrario del Mal: el humor es el antídoto contra el horror, la ignorancia y la barbarie. Nada desactiva en mayor medida al maligno que la risa en su cara. Porque la risa, señores, tiene poder, y disculpen si me pongo rumbero. El humor es un arma, y por ello tantos literatos y satiristas lo han utilizado en su obra. Asimismo, nada les interesa más a los 'serios de la pipa' (como los llamaba Francisco Casavella) que arrancar el humorismo a los clásicos: la Alta Literatura se cimenta en gravedad, reverencia y estatuesca circunspección. Para ellos, el humor es una bobada insustancial, una necedad antiartística, un chascarrillo de taberna: el verdadero arte es trágico, solemne, épico, o simplemente no es. Traten de entenderles: si empezaran a admitir que Shakespeare es esencialmente un escritor humorístico (hay que tomar incluso Hamlet como un sainete irónico, grotescamente excesivo) o que Kafka era uno de los mayores autores cómicos del siglo XX, ¿quién sabe qué tendrían que terminar admitiendo? ¿Que el humor es, de hecho, pieza angular de la literatura más importante desde el 1605? No, como argumentaba Casavella, a los 'serios de la pipa' les interesaba convertir a Kafka en “una especie de pseudomístico amargado, es decir, en ellos mismos”. El humor no conviene. El humor no interesa. Los grandes escritores no son humorísticos y, en caso de serlo, es esencial lobotomizar su lectura para extirpar cualquier asomo de humor. La visión de la Alta Cultura es una visión franciscana: reír es de lelos, reír deforma las facciones, reír no es santo.

Pero un rápido vistazo a los cúlmenes de la palabra escrita nos demuestra lo contrario: son humorísticos Quevedo, Cervantes, Larra, toda la picaresca, los satíricos ingleses o americanos (Defoe, Swift, Twain...), Lewis Carroll, Oscar Wilde... De hecho, si uno excava en los cimientos de la literatura británica, cae en la cuenta de que todos los autores clásicos comparten un poso de ironía y sátira; incluso aquellos que se ha intentado sepultar en el Mausoleo de Autores Severísimos: Samuel Pepys, Horace Walpole, Coleridge, Samuel Butler... Pero admitir esto sería, ya dijimos, fatal. Por ello, en el canon literario, las obras que hacen reír y divierten son consideradas menores, y los tochos son los Libros de Veras. Por ello 'Decadencia y caída', de Evelyn Waugh, se toma como una obra inferior a 'Retorno a Brideshead', pese a que la primera es una obra maestra de la causticidad y el humor fatalista, y la segunda una plúmbea saga de nobles abufandados con dudas. Por ello Martin Amis, esa alma en pena encadenada a la búsqueda del reconocimiento académico, no descansó hasta abandonar por completo el humor tierno de 'El diario de Rachel' o la risa asilvestrada de 'Dinero', y no se le consideró un autor importante hasta que empezó a firmar libros que versaban sobre Stalin, el holocausto, o vaya usted a saber qué nuevo tema cenizo.
[...]
Los tontos que ríen
Los tontos no ríen. Se trata, de hecho, de todo lo contrario: el humor es el más definitorio signo de una inteligencia cristalina, de una clarividencia intensamente humana, de una palpable ausencia de miedo. La risa salta por encima del terror, domeña la angustia, nos eleva, nos blinda y a la vez nos hace cercanos. La risa es uno de los mejores vehículos de la empatía; el humor, la más certera manera de efectuar protesta, o comentario político, de transmitir un mensaje profundo, de hacerlo memorable y arrancarle de cuajo la gravedad académica, la corrección política, el nihilismo. [...]
A la sazón, uno de los mayores elogios que, en el Reino Unido y Norteamérica, pueden dedicársele a una novela es 'funny'. Cuando un libro es 'sad and funny' es que ya ha alcanzado el morrocotudo cenit: triste y divertido, como la vida misma. Aquí no: en nuestro país se pretende que únicamente lo gravoso y tupido es la esencia de la vida, que el que se atreve a reír es una acémila que no ha entendido nada de cómo funciona en realidad el mundo, y que el auténtico arte es el que se expone con esa cara de tener a alguien bailando jotas sobre nuestro juanete. [...] Según los marmóreos especialistas de la vieja guardia, los autores que hacen reír son poco más que payasos tirapedos, productores insignificantes de literatura de WC y que, encima, se permiten tener fans que no sólo no son otros literatos, sino gente normal como usted, yo y la vecina del quinto (no la mía; es un decir).
[...]
jueves, 20 de octubre de 2011
La pesada carga de Sancho

miércoles, 31 de agosto de 2011
"Ingrávido"
Catalogados por su editor como "delirantes", los siete cuentos que componen "Ingrávido", de Fernando Figueras son como un soplo de aire fresco en la infesta literatura argentina. Leerlos es disfrutarlos; es volver a encontrarse con las historias mágicas que nos atraparon en la juventud; es volver a reírse al compás de las palabras impresas; es volver a encariñarse con un personaje y es volver a tener ganas de seguir leyendo.
martes, 3 de mayo de 2011
"Los fantasmas siempre tienen hambre"
viernes, 15 de abril de 2011
Borges y la noticia de su muerte
lunes, 10 de enero de 2011
Silogismos
martes, 3 de agosto de 2010
Matando el tiempo
"Mi padre tenía dos hermanos y hermanas. El tío Kaspar era un caballero calvo de llamativos mostachos y un dedo índice amputado. Tenía firmes convicciones sobre casi todo. 'La disciplina es buena para el ama', decía al tiempo que me propinaba un pescozón. A los 65 años se casó con una muchacha de 20, y a los 66 se divorciaron. La tía Julie era una solterona adusta y de voz chillona. Intentó casarse, pero renunció cuando uno de sus pretendientes desapareció con sus ahorros. Se ocupó de llevar nuestra casa durante la guerra, despúes de la muerte de mi madre. Cuando se fue, salieron con ella la cubertería de plata, la vajilla, el dinero, el azúcar, la mantequilla y la harina (un bien escaso en tiempo de guerra).

"La tía Agnes estaba casada con un jefe de estación de Carintia. Les hicimos una visita cuando yo tenía 5 ó 6 años. Recuerdo las máquinas agrícolas de llamativos colores que estaban descargando, el tren que pasaba a toda velocidad por la tarde, el restaurante y el gallinero que había detrás de la estación. Pasé el tiempo subiendo y bajando por las colinas que flanqueaban la vía, y todavía conservo las cicatrices de las heridas que me hice al caer por un barranco. De vez en cuando entraba en el gallinero, cerraba la puerta y hablaba a los reclusos: una preparación excelente para mi trabajo posterior [profesor universitario]."
Sobre su padre recuerda: "Después de la muerte de mi madre, llevó la casa mientras yo estudiaba en la universidad. Cortejó a diversas damas, algunas de ellas casadas. Las visitaba en sus casas o las llevaba a actos instructivos: conferencias, manifestaciones, proyecciones de películas. Finalmnte insertó un anuncio en un periódico: 'Funcionario, jubilado pero bien cnservado, intereses intelectuales, busca mujer madura y sensible - matromonio no exluido'. Llegaron ochenta respuestas. Yo se las ordenaba de acuerdo con la edad, los ingresos y el estilo, y él salía en busca de su destino dos o tres veces por semana. Regresaba bien alimentado, embriagado por los vinos que las señoras había guardado durante la guerra, y aburrido como una ostra. Terminó con una mujer amable pero irascible y se mudó a vivir con ella a Bad Ischl".
lunes, 17 de mayo de 2010
El movil de Hansel y Gretel
Anoche le contaba a la Nina un cuento infantil muy famoso, el Hansel y Gretel de los hermanos Grimm. En el momento más tenebroso de la aventura los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer. Mi hija me dice, justo en ese punto de clímax narrativo: “No importa. Que lo llamen al papá por el móvil”.
Yo entonces pensé, por primera vez, que mi hija no tiene una noción de la vida ajena a la telefonía inalámbrica. Y al mismo tiempo descubrí qué espantosa resultaría la literatura —toda ella, en general— si el teléfono móvil hubiera existido siempre, como cree mi hija de cuatro años. Cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer, y sobre todo qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción.
Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica, en cualquiera que se le ocurra. Desde la Odisea hasta Pinocho, pasando por El viejo y el mar, Macbeth, El hombre de la esquina rosada o La familia de Pascual Duarte. No importa si el argumento es elevado o popular, no importa la época ni la geografía.
Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica que conozca al dedillo, con introducción, con nudo y con desenlace.
¿Ya está?
Muy bien. Ahora ponga un teléfono móvil en el bolsillo del protagonista. No un viejo aparato negro empotrado en una pared, sino un teléfono como los que existen hoy: con cobertura, con conexión a correo electrónico y chat, con saldo para enviar mensajes de texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales cuatribanda.
¿Qué pasa con la historia elegida? ¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse desde cualquier sitio, ahora que tienen la opción de chatear, generar videoconferencias y enviarse mensajes de texto? ¿Verdad que no funciona un carajo?
La Nina, sin darse cuenta, me abrió anoche la puerta a una teoría espeluznante: la telefonía inalámbrica va a hacer añicos las nuevas historias que narremos, las convertirá en anécdotas tecnológicas de calidad menor.
Con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no espera con incertidumbre a que el guerrero Ulises regrese del combate.
Con un móvil en la canasta, Caperucita alerta a la abuela a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria.
Con telefonito, el Coronel sí tiene quién le escriba algún mensaje, aunque fuese spam.
Y Tom Sawyer no se pierde en el Mississippi, gracias al servicio de localización de personas de Telefónica.
Y el chanchito de la casa de madera le avisa a su hermano que el lobo está yendo para allí.
Y Gepetto recibe una alerta de la escuela, avisando que Pinocho no llegó por la mañana.
Un enorme porcentaje de las historias escritas (o cantadas, o representadas) en los veinte siglos que anteceden al actual, han tenido como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la incomunicación. Han podido existir gracias a la ausencia de telefonía móvil.

Ninguna historia de amor, por ejemplo, habría sido trágica o complicada, si los amantes esquivos hubieran tenido un teléfono en el bolsillo de la camisa. La historia romántica por excelencia (Romeo y Julieta, de Shakespeare) basa toda su tensión dramática final en una incomunicación fortuita: la amante finge un suicidio, el enamorado la cree muerta y se mata, y entonces ella, al despertar, se suicida de verdad. (Perdón por el espoiler.)
Si Julieta hubiese tenido teléfono móvil, le habría escrito un mensajito de texto a Romeo en el capítulo seis:
PERO NO STOY MUERTA.
NO T PRCUPES NI
HGAS IDIOTCES. BSO.
Y todo el grandísimo problemón dramático de los capítulos siguientes se habría evaporado. Las últimas cuarenta páginas de la obra no tendrían gollete, no se hubieran escrito nunca, si en la Verona del siglo catorce hubiera existido la promoción “Banda ancha móvil” de Movistar.
Muchas obras importantes, además, habrían tenido que cambiar su nombre por otros más adecuados. La tecnología, por ejemplo, habría desterrado por completo la soledad en Aracataca y entonces la novela de García Márquez se llamaría ’Cien años sin conexión’: narraría las aventuras de una familia en donde todos tienen el mismo nick (buendia23, a.buendia, aureliano_goodmornig) pero a nadie le funciona el messenger.
La famosa novela de James M. Cain —’El cartero llama dos veces’— escrita en 1934 y llevada más tarde al cine, se llamaría ’El gmail me duplica los correos entrantes’ y versaría sobre un marido cornudo que descubre (leyendo el historial de chat de su esposa) el romance de la joven adúltera con un forastero de malvivir.
Samuel Beckett habría tenido que cambiar el nombre de su famosa tragicomedia en dos actos por un título más acorde a los avances técnicos. Por ejemplo, ’Godot tiene el teléfono apagado o está fuera del área de cobertura’, la historia de dos hombres que esperan, en un páramo, la llegada de un tercero que no aparece nunca o que se quedó sin saldo.
En la obra ’El jotapegé de Dorian Grey’, Oscar Wilde contaría la historia de un joven que se mantiene siempre lozano y sin arrugas, en virtud a un pacto con Adobe Photoshop, mientras que en la carpetaImages de su teléfono una foto de su rostro se pixela sin remedio, paulatinamente, hasta perder definición.
La bruja del clásico ’Blancanieves’ no consultaría todas las noches al espejo sobre “quién es la mujer más bella del mundo”, porque el coste por llamada del oráculo sería de 1,90€ la conexión y 0,60€ el minuto; se contentaría con preguntarlo una o dos veces al mes. Y al final se cansaría.
También nosotros nos cansaríamos, nos aburriríamos, con estas historias de solución automática. Todas las intrigas, los secretos y los destiempos de la literatura (los grandes obstáculos que siempre generaron las grandes tramas) fracasarían en la era de la telefonía móvil y del wifi.
Todo ese maravilloso cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por la ciudad, a contra reloj, porque su amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con un SMS de cuatro líneas.
Ya no hay ese apuro cursi, ese remordimiento, aquella explicación que nunca llega; no hay que detener a los aviones ni cruzar los mares. No hay que dejar bolitas de pan en el bosque para recordar el camino de regreso a casa.
La telefonía inalámbrica —vino a decirme anoche la Nina, sin querer— nos va a entorpecer las historias que contemos de ahora en adelante. Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más predecibles.
Y me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real, no estaremos privándonos de aventuras novelescas por culpa de la conexión permanente? ¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora?
No. Le enviaremos un mensaje de texto lastimoso, un mensaje breve desde el sofá. Cuatro líneas con mayúsculas. Quizá le haremos una llamada perdida, y cruzaremos los dedos para que ella, la mujer amada, no tenga su telefonito en modo vibrador. ¿Para qué hacer el esfuerzo de vivir al borde de la aventura, si algo siempre nos va a interrumpir la incertidumbre? Una llamada a tiempo, un mensaje binario, una alarma.
Nuestro cielo ya está infectado de señales y secretos: cuidado que el duque está yendo allí para matarte, ojo que la manzana está envenenada, no vuelvo esta noche a casa porque he bebido, si le das un beso a la muchacha se despierta y te ama. Papá, ven a buscarnos que unos pájaros se han comido las migas de pan.
Nuestras tramas están perdiendo el brillo —las escritas, las vividas, incluso las imaginadas— porque nos hemos convertido en héroes perezosos.
Fuente: Orsai



















