martes, 21 de diciembre de 2010

Bofetada de mujer

Texto de Rolando Hanglin enriquecido con los comentarios misóginos de Hércules [entre corchetes].

A raíz del episodio Kunkel-Camaño, agregaré algunos apuntes a las miles de
páginas y horas de micrófono que se han consagrado a distintas opiniones y pronunciamientos sobre la bofetada de Camaño. Naturalmente, ya se habló demasiado sobre este incidente, pero a mi modo de ver no se dijo lo esencial. Todos los hombres hemos recibido, alguna vez, una bofetada de mujer [no una, ¡sino muchas veces! Y hasta en una ocasión recibí muchas cachetadas de una sóla mujer ¡en una sucesión histérica y, como dirían los matemáticos, ¡sin solución de continuidad!]. Y todas las mujeres adultas han cacheteado a un tipo. Y si a ustedes, amables lectores, no les ha sucedido, es que estaban viviendo en el planeta de Barbie y Ken.
Un bife de mujer a hombre no es una agresión física [¡¿cómo que no?!]. La mujer no tiene musculatura suficiente para ocasionar lesiones, y el hombre generalmente no responde al golpe. La bofetada de mujer es un insulto sin palabras, no un golpe [se cree poeta éste]. Encierra un mensaje de desprecio, furia y advertencia. Una cachetada significa: basta.

La mujer y el hombre saben de qué se trata. Es un asunto entre ellos. En el caso de estas dos personas, hay un enfrentamiento que data de dos años atrás, y no hay ningún secreto en las palabras que se han pronunciado, ya que se emitieron por televisión.

Cuando ella da un cachetazo, está diciendo "este es tu límite".

¿Qué puede hacer el hombre? Puede devolver la bofetada, si tiene reflejos y -sobre todo- si tiene motivos [¿que otros motivos hacen falta? ¿no es suficiente motivo que te haya pegado una cachetada?]. Ocurre muchas veces en la convivencia de una pareja [será con las locas con las que te juntás vos Rolando], aunque este no sea el caso, pues los dos legisladores no se aman sino que se odian. El que no vivió estas circunstancias, se lo pierde [si claro, pobrecitos, no saben lo que se pierden]: en ocasiones, las palabras no alcanzan para descargar un sentimiento, de manera que los bifes vuelan, y suelen volar de ida y vuelta.

Esto no tiene nada que ver con la violencia de género [no, de género no, sino directamente con la violencia a secas].

Cuando un hombre quiere golpear, dañar, asustar, pega con el puño cerrado y más de una vez. Por lo general, sin motivos [siempre hay algún motivo, salvo cuando llegás borracho, claro]. Cuando desea expresar un sentimiento, la puede zamarrear o abofetear: nunca con intención de ocasionar una herida física. Sencillamente, es la erupción de una emoción inevitable [¿inevitable???; la única "erupción" inevitable que tenemos los hombres es la que se produce luego de una "erección"].

En cambio, cuando una mujer quiere causar daño, generalmente recurre a los celos, el abandono o el raticida [si lo sabrá la Yiya Murano]. Este es un código que existe desde tiempo inmemorial: el varón mata con cuchillo o revólver, la mujer lo hace con el alimento [por eso nunca ceno con mi mujer...]. Todos lo sabemos.

El lenguaje de las bofetadas también existe entre varones. Por lo general, se trata de un golpe leve: su contenido es simbólico, y hasta se puede aplicar con la mano floja o con un guante [y generalmente no es retribuido, excepto por las risas y la frase "¡se enojó el mariconcito!].

Es cierto que la bofetada de Camaño, por su energía, está más cerca del castañazo criollo que del ligero guante de cabritilla. Pero no deja de ser un bofetón mujer-hombre, con el mensaje simbólico tradicional. Kunkel y Camaño sabrán los insultos y disculpas que habrán intercambiado, que no han de ser pocos.

Un país como el nuestro, que atravesó las oleadas de violencia incluidas en palabras como desaparecidos-montoneros-represión-terrorismo-Aramburu-Rucci-Vandor (para decir solamente algunas) no puede hablar tanto sobre una incidencia tan chiquita .

El diputado Kunkel sobrevivirá al golpe, y la diputada Camaño también. ¡Hasta nosotros lograremos sobrevivir!


Fuente: La Nación